LA TRAMPA DEL PÉNDULO…

Esta noche escribo con el anhelo de pensar en el cielo y las estrellas como si fueran los satélites de VENUS.

La extraño demasiado.

A veces pienso que me encantaría que, solamente durante unos minutos, pudiera entrar en mi mente y mirarse a sí misma desde mis ojos. Que pudiera sentir lo que yo siento cuando pienso en ella. Que entendiera que es real, que no es mentira, que no es una construcción que inventé para escribir estas páginas. Que pudiera contemplarse desde ese pequeño universo que existe dentro de mí y comprender por qué su ausencia puede hacer tanto ruido.

Y mientras pensaba en ella recordé una conversación que tuve con alguien muy especial para mí.

TERRA

La llamaré Terra.

Es una mujer a quien considero mi compañera de lucha. Pensamos diferente en algunas cosas, pero hemos atravesado ciertas dificultades y compartimos una furia particular cuando nuestras ambiciones despiertan. En diferentes momentos hemos tenido que convertirnos en una especie de pararrayos el uno para el otro cuando llegan las tormentas.

Por eso nuestra amistad representa una profundidad especial para mí.

La he conocido en diferentes facetas: romántica, madre, amiga, esposa, académica. Y hay algo que siempre me ha llamado la atención en ella: su capacidad para equilibrar todas esas partes de su existencia. Algo que no considero sencillo de conseguir. O por lo menos no para mí.

Hacía varios días que no hablábamos. Hoy conversamos durante la mañana y, entre todo aquello de lo que hablamos, una idea comenzó a crecer dentro de mí.

Una pregunta aparentemente sencilla:

¿Y SI EL PROBLEMA NO ES LA RUTINA?

Durante años he escuchado hablar de ella como uno de los grandes monstruos de las relaciones.

“La rutina mata el amor.”

“No dejes que la relación caiga en la rutina.”

“Hay que combatir la rutina.”

“Tienen que salir de la monotonía.”

Pareciera que cuando una pareja comienza a repetir días, horarios, lugares y pequeñas costumbres cotidianas algo necesariamente empezó a morir.

Y sí, he visto algo parecido.

También lo he vivido.

Cuando dos personas se casan o comienzan a compartir una vida, algunas veces aparece la sensación de haber “asegurado una pareja”. Aquella persona que inicialmente parecía extraordinaria lentamente puede convertirse en una presencia más dentro de la casa.

La cama, el sofá, la televisión, la mesa, y ella o él…

Como si el ser humano que un día nos parecía fascinante terminara convertido en otro objeto conocido dentro del paisaje.

Pero esta noche me pregunto si hemos culpado a la rutina de algo que quizá pertenece a otro lugar.

Tal vez el problema no sea repetir los días.

Tal vez el problema sea dejar de valorar a la persona con quien los repetimos y hacerle caso al constructo que nos rodea que ahora endiosa la novedad…

EL SER HUMANO QUE SE VUELVE PAISAJE

Lo he experimentado en relaciones anteriores.

La costumbre hacía que dejara de mirar a la otra persona como la había mirado inicialmente.

Aquello extraordinario se convertía en cotidiano.

Y lo cotidiano, extrañamente, comenzaba a parecer menos valioso.

Quizá existe una paradoja terrible:

Anhelamos profundamente aquello que no tenemos y podemos dejar de contemplar aquello que finalmente conseguimos.

Queremos compartir una cama con alguien… después nos acostumbramos a despertar a su lado.

Queremos poder verla todos los días… después su rostro forma parte del paisaje.

Queremos escuchar su voz… después escuchamos esa voz todos los días.

Queremos compartir nuestras noches… después las noches se vuelven normales.

Queremos una vida juntos… después esa vida se llama: Rutina…

¿En qué momento aquello que tanto deseábamos comenzó a parecernos una condena?

NO TE BAÑAS DOS VECES EN EL MISMO RÍO

Hay una frase atribuida a Heráclito que siempre me ha parecido fascinante: no puedes entrar dos veces en el mismo río.

El agua ya no es la misma y tú tampoco.

Pienso que algo semejante ocurre dentro de una relación.

No somos exactamente las mismas personas que comenzaron.

Cambiamos…

Cambian nuestros horarios.

Nuestros sueños.

Nuestros cuerpos.

Nuestros trabajos.

Nuestra forma de enfrentar las dificultades.

Nuestras ambiciones.

Nuestros miedos.

Nuestra manera de mirar el mundo.

Pero mientras todo eso cambia, también existen cosas que decidimos conservar.

Los compromisos que hicimos.

La lealtad.

Aquello que prometimos construir.

La memoria de lo vivido.

El conocimiento que adquirimos sobre el otro.

Y especialmente algo sobre lo que ya escribí en “Heridas y lenguajes… una propuesta”: cuando compartes suficiente tiempo con alguien, comienzas a descubrir aquello que puede romperlo.

Conoces sus vulnerabilidades.

Sabes qué palabras le duelen.

Sabes qué silencios lo destruyen.

Sabes dónde están algunas de sus cicatrices.

Sabes cuándo algo aparentemente pequeño puede atravesarlo completamente.

Y ese conocimiento forma parte de aquello que construyeron.

CUANDO LLEGA EL ABURRIMIENTO

Hay un momento que observo repetirse en muchas relaciones.

Llega aquello que llamamos: Aburrimiento…

La emoción inicial disminuye.

La novedad desaparece.

Las conversaciones ya no duran necesariamente hasta las cuatro de la mañana.

La persona que estaba llena de misterio ahora deja la ropa en determinado lugar, tiene hábitos repetitivos, días insoportables, costumbres que molestan y una colección completa de defectos.

Pero cada vez pienso más que ese momento no necesariamente representa el fracaso.

Tal vez representa algo mucho más incómodo:

LA LLEGADA DE LA REALIDAD.

El otro dejó de ser una fantasía.

Ahora es un ser humano.

Y aquí conecto nuevamente con aquello que escribí en “¿El enamoramiento se acaba?…”

Quizá el verdadero problema comienza cuando confundimos la desaparición de la novedad con la desaparición del valor.

LA MATRIX EMOCIONAL

Existe un constructo social que constantemente nos enseña cómo supuestamente deben sentirse las relaciones.

A eso lo llamo:

LA MATRIX EMOCIONAL.

No necesito imaginar una conspiración detrás.

Me basta con observar las historias que consumimos, las conversaciones que repetimos y aquello que aprendimos durante décadas sobre lo que supuestamente significa estar enamorado, ser libre, tener pareja, aburrirse, separarse, comenzar nuevamente.

Y pienso que esa Matrix contiene una trampa extraordinariamente poderosa.

Funciona como un péndulo.

PRIMER MOVIMIENTO DEL PÉNDULO: QUIERO TENERTE

Al principio aparece alguien.

Te enamoras.

Quieres estar con esa persona.

Las horas parecen demasiado cortas.

Un día entero no alcanza.

Quieres explorar el universo con ella.

Quieres verla.

Quieres tocarla.

Quieres escucharla.

A veces incluso existen obstáculos para poder estar juntos.

Distancia.

Familias.

Horarios.

Trabajo.

Circunstancias.

Entonces el encuentro se vuelve escaso.

Y aquello que es escaso parece todavía más valioso.

Las películas, las novelas y las series nos enseñaron durante décadas historias donde dos personas atraviesan dificultades enormes para finalmente conseguir estar juntas.

Luchan.

Esperan.

Cruzan ciudades.

Rompen obstáculos.

Se buscan.

Se encuentran.

Y finalmente… lo consiguen.

“FUERON FELICES PARA SIEMPRE”

Entonces aparece la escena final.

La boda.

El beso.

La música.

La cámara alejándose.

“Fueron felices para siempre.”

Créditos.

FIN.

Pero cada vez pienso más que allí cometimos un error narrativo gigantesco.

AHÍ NO TERMINA LA HISTORIA.

AHÍ COMIENZA…

Porque conseguir estar con alguien no es la parte más difícil.

Después tienes que aprender a vivir con otro ser humano.

Con su mundo.

Sus costumbres.

Sus defectos.

Sus cambios de humor.

Sus heridas.

Sus sueños.

Sus contradicciones.

Sus días maravillosos.

Sus días horribles.

Y esa persona tendrá que aprender exactamente lo mismo de ti.

Entonces comienza algo muchísimo más complejo que conquistar: Construir…

SEGUNDO MOVIMIENTO DEL PÉNDULO: AHORA QUIERO SER LIBRE

Y aquí aparece la trampa.

Aquello que inicialmente era el sueño comienza lentamente a cambiar de significado.

Antes pensabas: “Quiero poder estar con ella.”

Ahora aparece: “Tengo que estar con ella.”

Antes: “Quiero compartir mi vida.”

Después: “Tengo compromisos.”

Antes: “Quiero despertar a su lado.”

Después: “Todos los días es lo mismo.”

Antes era deseo… Ahora parece obligación.

Y alrededor comienzan a aparecer mensajes diferentes.

Perdiste libertad.

Perdiste espacio.

Ya no puedes hacer lo que quieras.

Estás atado.

Necesitas recuperar tu vida.

Entonces ocurre algo fascinante.

Antes, lo prohibido era estar juntos.

Ahora, lo prohibido parece ser estar solo.

Y aquello que sentimos que hemos perdido comienza nuevamente a adquirir valor.

La libertad se convierte en el nuevo objeto del deseo.

LA ILUSIÓN DE HABER PERDIDO ALGO

Aquí aparece algo que me interesa profundamente.

La percepción de pérdida.

Cuando creemos que tener algo nos impide acceder a otra cosa, aquello que supuestamente perdimos comienza a crecer dentro de nuestra imaginación.

Ya no vemos solamente lo que tenemos.

Empezamos a mirar aquello que creemos que podríamos estar viviendo.

Otras personas.

Otros lugares.

Otra vida.

Otra versión de nosotros.

Otra libertad.

Otra historia.

Y quizá comenzamos a comparar una realidad cotidiana con una posibilidad imaginaria.

La realidad tiene defectos.

La imaginación no.

La realidad deja ropa tirada.

La imaginación aparece perfectamente vestida.

La realidad tiene cansancio.

La imaginación siempre tiene energía.

La realidad discute.

La imaginación todavía no ha tenido tiempo de decepcionarnos.

Entonces comienza otra persecución:

LA NOVEDAD…

EL PÉNDULO

Pero aquí aparece la parte que me parece más interesante.

He observado muchas veces lo que ocurre después de una separación, un divorcio o una relación larga.

Durante la relación alguien anhelaba libertad.

Finalmente la consigue.

Ahora puede hacer lo que quiera.

No tiene que explicar nada.

Puede viajar.

Salir.

Estar solo.

Conocer personas.

Construir su propio mundo.

Y durante un tiempo aquello puede sentirse extraordinario.

Hasta que un día… aparece nuevamente el vacío.

Entonces aquello que antes parecía una cárcel empieza a verse desde otra distancia.

Ahora la libertad ya no es novedad.

Se convirtió en rutina.

Y aparece un nuevo deseo: quiero alguien.

Quiero compañía.

Quiero una relación.

Quiero estabilidad.

Quiero dormir con alguien.

Quiero construir.

Quiero enamorarme.

Y el péndulo comienza a moverse hacia el otro lado.

LIBERTAD → RELACIÓN → LIBERTAD → RELACIÓN

Conoces alguien.

Te enamoras.

Construyes.

La novedad desaparece.

Sientes que perdiste libertad.

Rompes.

Recuperas libertad.

La libertad deja de ser novedosa.

Sientes soledad.

Buscas alguien.

Te enamoras.

Construyes.

La novedad desaparece.

Sientes que perdiste libertad.

Rompes.

Y así…

una vez más.

Y otra.

Y otra.

Quizá durante toda una vida.

Persiguiendo aquello que está al otro extremo del péndulo…

¿Y SI NINGUNO DE LOS DOS EXTREMOS NOS VA A SACIAR?

Esa es mi pregunta.

¿Qué ocurre si un día conseguimos observar el péndulo desde afuera?

¿Qué ocurre si comprendemos que la saciedad absoluta que perseguimos nunca llegará?

Porque cualquier cosa que permanezca suficiente tiempo en nuestra vida eventualmente dejará de ser nueva.

Un automóvil.

Una casa.

Una ciudad.

Un trabajo.

Un viaje.

La libertad.

Incluso una relación.

La novedad tiene fecha de vencimiento.

Entonces quizá construir una vida basada exclusivamente en perseguirla significa condenarnos a comenzar permanentemente desde cero.

YO TAMBIÉN FUI PRISIONERO DE ESO

No escribo esto como alguien que siempre entendió estas cosas.

Durante años yo también fui prisionero de esa persecución.

También busqué novedades.

También confundí sensaciones.

También estuve dentro del péndulo.

También participé de aquello que hoy cuestiono.

Fue solamente durante los últimos años cuando comencé a hacer consciente este patrón.

Y empecé a pensar:

si algún día llega VENUS, quiero recordar esto.

Quiero llegar preparado para reconocer la trampa cuando aparezca.

Porque aparecerá.

CUANDO LLEGUE LA RUTINA

Si algún día compartiera mi vida con VENUS, no quiero imaginar que todos los días serían extraordinarios.

Habrá lunes.

Habrá cansancio.

Habrá responsabilidades.

Habrá cuentas.

Habrá trabajo.

Habrá momentos donde alguno no tenga nada interesante que contar.

Habrá silencios.

Habrá días donde solamente existan dos personas cansadas acostadas en una cama.

Pero precisamente allí quisiera recordar algo: hubo un tiempo en que habría dado cualquier cosa por poder vivir ese lunes a su lado.

Eso cambia completamente mi manera de mirar la rutina.

Porque quizá la rutina también puede ser un privilegio que perdió su brillo porque nos acostumbramos a poseerlo.

MIRA A QUIEN ESTÁ AL LADO DE TU CAMA

Pienso en una escena extremadamente sencilla.

Dos personas acostadas.

Nada cinematográfico.

Nada extraordinario.

Una noche cualquiera.

Tal vez una está mirando el teléfono.

La otra está cansada.

Y de pronto uno recuerda: hay un ser humano de carne y hueso acostado a mi lado.

Alguien que también tiene miedo.

Alguien que también necesita atención.

Alguien que quizá anhela una caricia sin pedirla.

Una palabra.

Un detalle.

Sentirse amado.

Sentirse visto.

Sentirse valioso.

Sentir que todavía existe dentro de los ojos de la persona que eligió.

¿Qué ocurriría si por un momento dejáramos de mirar aquello que supuestamente perdimos y volviéramos a mirar aquello que tenemos delante?

LA VERDADERA NOVEDAD

Aquí aparece mi propuesta.

Quizá después de cierto punto la novedad no debería consistir permanentemente en cambiar de persona.

Tal vez la nueva novedad podría ser:

CONSTRUIR COSAS NUEVAS CON LA MISMA PERSONA…

Una nueva ciudad.

Un viaje.

Una empresa.

Un proyecto.

Una casa.

Un idioma.

Una aventura.

Una meta financiera.

Un objetivo académico.

Una locura.

Una experiencia.

Una tradición solamente nuestra.

Una nueva versión de nosotros mismos.

¿Por qué toda novedad tiene que significar reemplazo?

¿Por qué no podemos convertir la construcción en nuestra siguiente aventura?

LAS AMBICIONES COMPARTIDAS

Yo soñé cosas así con VENUS.

Viajes.

Ambiciones financieras.

Ambiciones académicas.

Crear cosas.

Conocer lugares.

Descubrir mundos.

Construir proyectos.

Experimentar.

Vivir intensamente.

Llegar algún día al final de nuestra existencia y mirar hacia atrás sin sentir que dejamos nuestra vida esperando en alguna habitación.

Eso es parte de aquello que imagino cuando hablo de construir.

No desaparecer dentro de una relación.

Sino crear un universo que antes no existía y que solamente pudo aparecer porque dos mundos decidieron combinarse.

EL CENTRO DEL PÉNDULO

Quizá aquello que llamamos estabilidad no está en ninguno de los extremos.

No está en: “No necesito a nadie.”

Tampoco está en perseguir eternamente alguien que elimine cualquier sensación de vacío.

Tal vez está en el centro.

En mirar conscientemente nuestra propia vida.

Mirar al otro.

Recordar por qué llegó.

Recordar por qué lo elegimos.

Recordar quiénes éramos cuando deseábamos aquello que hoy llamamos rutina.

Y entonces construir.

Espacio personal.

Espacio compartido.

Ambiciones individuales.

Ambiciones conjuntas.

Vida financiera.

Vida emocional.

Vida cotidiana.

Vida íntima.

Dos universos que no tienen que desaparecer para crear un tercero.

¿Y SI LA RUTINA NO FUERA EL ENEMIGO?

Tal vez hemos estado luchando contra el monstruo equivocado.

Quizá el verdadero enemigo no es desayunar juntos cien veces.

Quizá es desayunar juntos cien veces y dejar de mirar a quien está sentado enfrente.

No es dormir mil noches en la misma cama.

Es olvidar quién está acostado allí.

No es escuchar la misma voz durante años.

Es dejar de escucharla.

No es conocer demasiado a alguien.

Es creer que porque lo conocemos ya no queda nada por descubrir.

No es la rutina.

ES DEJAR DE VALORAR…

EL EGO

Y nuevamente aparece ese personaje que lleva atravesando varios de mis escritos: el ego…

El ego que pregunta qué estoy perdiendo.

El ego que compara.

El ego que imagina que afuera existe una vida permanentemente extraordinaria esperándonos.

El ego que convierte al compañero en símbolo de aquello que supuestamente nos impide ser libres.

El ego que olvida que un día deseábamos exactamente aquello que ahora consideramos una carga.

¿Qué pasaría si recordáramos nuevamente quién está en el mismo equipo?

Quizá el verdadero enemigo no está acostado al otro lado de la cama.

Quizá estamos atacando a nuestro compañero mientras el péndulo continúa moviéndose afuera.

A UNA CONVERSACIÓN DE DISTANCIA

Y por eso pienso que algunas respuestas quizá no están tan lejos como imaginamos.

Tal vez algunas están a una tarde de distancia.

Una tarde para detenernos.

Una tarde para observar nuestras creencias.

Una tarde para preguntarnos qué estamos persiguiendo.

Una tarde para recordar.

Una conversación.

Mirarnos.

Y decir:

“¿En qué momento aquello que soñábamos comenzó a sentirse como una obligación?”

Tal vez esa conversación revele algo.

Tal vez descubramos que llevamos años intentando escapar de un espejismo.

Y ENTONCES PIENSO EN VENUS

Es inevitable.

Mientras escribo todo esto pienso en ella.

Pienso en aquella pequeña eternidad que todavía vive dentro de mi memoria.

Pienso en las estrellas.

En sus satélites.

En sus manos.

En aquello que vivimos.

En aquello que no vivimos.

En aquello que todavía anhelo.

Soy una persona libre.

Puedo construir mi vida.

Puedo ser autosuficiente.

Puedo perseguir mis proyectos.

Puedo caminar solo.

Y aun así…

LA EXTRAÑO.

Extraño a VENUS.

Y existe un vacío particular en saber que hay días que daría cualquier cosa por volver a vivir esos momentos junto a ella…

Nadie sabe lo que yo daría por estar en este momento a su lado durmiendo en la misma cama y poder acariciar sus manos o su cabello…

QUISIERA QUE PUDIERA VERSE DESDE MIS OJOS

Por eso esta noche regreso a la imagen con la que comencé.

Quisiera que VENUS pudiera entrar unos minutos dentro de mi mente.

Que pudiera observarse desde allí.

Que viera aquello que veo cuando pienso en ella.

Que entendiera por qué escribo.

Que supiera que no es mentira.

Que contemplara el lugar que ocupa dentro de este extraño universo que construyó mi corazón.

Quisiera tener el beneficio de la duda.

Solamente eso.

La posibilidad de mostrarle esta visión.

Mostrarle el valor que tendría para mí compartir una vida.

Mostrarle aquello que anhelo construir.

Mostrarle lo que significaría para mí ser su hombre.

Y mientras escribo estas palabras comienza nuevamente a caer lluvia por mis mejillas…

SI TIENES A ALGUIEN A TU LADO…

Si estás leyendo esto mientras tienes a ese ser humano de carne y hueso cerca, quizá puedas hacerte una pregunta esta noche: ¿Dejé de amarlo o simplemente dejé de contemplarlo?

Míralo.

Recuerda quién era cuando apareció.

Recuerda quién eras tú.

Recuerda aquello que parecía imposible.

Recuerda las horas demasiado cortas.

Recuerda los mensajes.

Recuerda los primeros encuentros.

Recuerda aquello que deseabas.

Y después mira dónde estás.

Tal vez aquello que hoy llamas rutina fue alguna vez uno de tus mayores anhelos.

Tal vez no necesitas escapar inmediatamente hacia el otro extremo del péndulo.

Tal vez necesitas volver a mirar… y recordar que ¡ ELLA NO ES UNA OBLIGACIÓN NI UNA CARGA, ES TU MEJOR OPCIÓN !

VALORA A QUIEN TIENES A TU LADO

Porque la ausencia tiene una habilidad terrible: Nos enseña el valor de cosas que la presencia había convertido en paisaje.

Yo lo sé esta madrugada, aunque la verdad ella jamás ha sido un paisaje, ella ha sido y es VENUS…

Lo siento mientras escribo.

Lo siento en la presión del pecho.

Lo siento en estas lágrimas.

Lo siento cuando imagino una mano que quisiera volver a tomar.

Lo siento cuando pienso que daría cualquier cosa por algunos de aquellos momentos aparentemente sencillos.

Una caminata.

Una conversación.

Una mirada.

Una mano.

Una noche cualquiera.

La rutina que alguien desprecia puede ser exactamente la vida que otro corazón está anhelando recuperar.

LA ORDEN DEL CORAZÓN

Si sientes que la corriente te arrastra; si estás cansado de moverte entre los extremos del péndulo; si tienes una relación y comienzas a preguntarte cuándo aquello que deseabas se convirtió en una obligación; si buscas comprender tus heridas, tus deseos, tu forma de amar y aquello que realmente quieres construir, quizá puedas encontrar algo de ti dentro de La Orden del Corazón.

Un lugar para sintientes.

Para quienes quieren escribir.

Hablar.

Preguntar.

Construir.

Buscar respuestas fuera de las fórmulas automáticas de esta Matrix Emocional.

Un lugar donde el corazón pueda confiar aquello que siente sin convertir cada emoción en algo que deba esconder.

Puedes llenar el formulario y solicitar formar parte de La Orden del Corazón.

Esta noche dejo aquí esta reflexión mientras mi propio corazón continúa enjaulado, mirando hacia un cielo donde las estrellas todavía me recuerdan los satélites de VENUS.

Y aunque quizá ella nunca pueda entrar en mi mente para verse desde mis ojos, estas páginas conservarán al menos una parte de aquello que habría encontrado allí.

Una última frase para quien llegó hasta aquí:

VALORA A QUIEN TIENES A TU LADO…

Porque quizá un día mires el lugar vacío donde solía estar…

y descubras que aquello que llamabas rutina era, en realidad, una parte de la vida que alguna vez soñaste tener.

— EL CUERVO DE CORAZONES

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