Sobre Mí

¿QUIÉN ES EL CUERVO DE CORAZONES?

Soy el Cuervo de Corazones...

Y este lugar nace con un corazón que sangra mientras escribo estas palabras…

Un corazón que ama demasiado y lleva semanas dolorosas conteniéndose en silencio...

Porque escribir demasiado puede incomodar.
Porque decir palabras de amor puede incomodar.
Porque mirar puede incomodar.
Porque desear con el niño y el adolescente todavía vivos dentro de mi puede ser llamado inmadurez.

Lucho todos los dias tratando de detener palabras antes de escribirlas. resumiendo pensamientos que quisiera extender durante páginas, convirtiendo emociones enormes en frases pequeñas, preguntándome cuánto es demasiado antes de enviar un mensaje.

A veces siento que estoy intentando comprimir un océano dentro de un vaso.
Y duele, duele mucho...

Hubo un tiempo en que existieron palabras hermosas, momentos que todavía permanecen dentro de mí y pequeñas cosas que parecían contener una promesa…

Después fueron desapareciendo.

Lentamente con los días descubrí que aquello que alguna vez estuvo lleno de calor puede terminar reducido a un “ok”, a una respuesta distante, a un mensaje casi corporativo, a un sticker de “no me incomodes”.

Y entonces comienza una extraña disciplina:

no escribas tanto.
no digas tanto.
no muestres tanto.
no sientas tan fuerte.

Intento hacerlo.
Intento ser concreto.
Intento no agobiar.
Intento retener un amor que siento gigantesco para que no salga de mí, para que me rompa por dentro pero que no incomode afuera…
Intento incluso fingir que no siento…
Pero soy terriblemente torpe haciéndolo…
Porque puedo callar una palabra, pero mi cuerpo continúa hablando.

Puedo ordenar a mis manos que no escriban, pero no sé cómo darle la misma orden al corazón.
Puedo intentar convertirme en ese adulto imperturbable que parece haber aprendido a no necesitar nada de nadie.
Pero dentro de mí todavía existe un anhelo...
Mientras escribo esto, siento a un niño sentado en la puerta de mi corazón que está llorando.

Quiere regresar a un lugar donde alguna vez se sintió querido, tranquilo y en libertad.
No comprende estrategias afectivas.
No comprende distancias.
No comprende por qué algo hermoso puede dejar de serlo y genera repulsión.
Solo sabe que alguna vez estuvo allí y quiere volver.

Detrás de él está el adolescente.

El que escribía cartas.
El que convertiría una emoción en diez páginas si pudiera.
El que todavía cree que ciertas caricias pueden quedar grabadas en la piel y que una canción puede conservar una noche entera dentro de unas pocas notas.

A ese adolescente también le han pedido silencio.
Y yo estoy en medio de los dos intentando convertirme en adulto.

Si significa enterrarlos, todavía no sé si estoy dispuesto.

Esta noche escribo bajo la luz de una pequeña galaxia encerrada en una burbuja de cristal que cambia de colores...
Para cualquiera podría ser solamente un objeto bonito.
Para mí alguna vez fue la chispa de un beso que parecía traer esperanza.
Para mí el regalo y el tesoro más valioso del mundo…

También escribo mientras suenan las notas de una canción sobre la luna.
Y de pronto mi cuerpo recuerda.
Una caricia.
Un instante.
Una cercanía que ya no existe de la misma manera, pero que su memoria parece haberse negado a abandonar mi piel.
Así funciona mi corazón...

El tiempo puede avanzar mucho más rápido que él.
Me duele el amor
No encuentro una manera más elegante de decirlo.
Me duele el amor.
Me duele sentir una cantidad inmensa de amor por alguien y tener que contenerla.
Me duele descubrir que incluso aquello que siempre nos dijeron que era “bueno”: amar, cuidar, desear el bien de otro, sentir ternura— puede convertirse desde dentro en algo insoportablemente doloroso cuando no encuentra un lugar donde existir.

Y entonces aparece el dilema que dio origen a todo esto:
¿Qué hago con la parte de mí que siente?
¿Cómo le prohíbo al corazón sentir?
¿Cómo le prohíbo al adolescente escribir cartas?
¿Cómo se prohíben los anhelos?
¿Cómo se apagan sueños que fueron construidos precisamente después de otros dolores?
¿Cómo se conserva algo que llamamos bello cuando llevarlo dentro duele de esta forma?
¿Cómo se le pide a una persona que siga siendo exactamente la misma después de sentirse contenida, cohibida o cautiva con deseos de vivir todo lo imposible?
¿Cómo se mantiene vivo un corazón cuando la lógica dice que no sentir sería mucho más fácil?

No tengo esas respuestas.

Por eso nació el Cuervo

También hay otra razón por la que escribo aquí.

Durante mucho tiempo he sido apoyo para otras personas cuando atraviesan historias parecidas.

Y existe una extraña responsabilidad en ocupar ese lugar.
Parece que quien sostiene a otros no debería caer.
Debería saber qué decir.
Debería ser fuerte.
Debería tener resuelto aquello sobre lo que aconseja.
Pero yo no lo tengo resuelto.

Y cuando imagino contar todo esto fuera de aquí, puedo escuchar de antemano las mismas frases:

“Dale tiempo al tiempo”
“Ya pasará”
“Hay muchas personas en el mundo”
“Concéntrate en ti”

Sé que muchas veces se dicen intentando ayudar.
Pero ahora mismo sirven para despertar vergüenza y furia en mi.
No alivian aquello que intento comprender.

Y por eso necesitaba otro lugar.

Soy anónimo porque todavía necesito serlo

De momento, conviene que no sepas mi nombre.

No porque estas palabras sean falsas.

Precisamente porque son demasiado verdaderas.

Detrás del Cuervo de Corazones existe un hombre real.

Pero por ahora necesito una sombra desde la cual poder hablar sin preguntarme constantemente quién va a juzgarme por hacerlo.

Quizá algunos llamarían inmaduro a todo esto.
Quizá otros dirían que debería haberlo superado.
Quizá alguien leerá estas páginas y pensará que sentir así es ridículo.

Por eso existe el Cuervo.

Es una máscara, sí.

Pero detrás de la máscara no hay un personaje inventado.

Hay un corazón real intentando encontrar un lugar donde poder decir lo que siente, donde poder existir...

Este es el último bastión

No sé todavía cómo termina esta historia.

No sé si algún día terminaré apagando una parte de mí para dejar de sufrir de esta manera.

No sé si lentamente comenzaré a comportarme como alguien de piedra.

Ni siquiera sé si llegará un momento en que odie aquello que hoy intento proteger.

Lo único que sé es que, antes de averiguarlo, quise construir esto.

Un último bastión.
Una reminiscencia de que alguna vez sentí de esta manera.
Una prueba de que existió dentro de mí un niño capaz de maravillarse.
Un adolescente capaz de escribir cartas.
Un hombre capaz de amar enormemente incluso cuando no sabía qué hacer con todo ese amor que intentó proteger a quien amó aun desde lejos.

Quizá este Refugio termine siendo solamente el registro de aquello que fui.
O quizá recordarme que todavía queda algo vivo aquí dentro.

En medio de todos, me siento solo
Es extraño.
Uno puede estar rodeado de personas y sentirse completamente solo.
Esta madrugada conozco esa sensación.
Estoy intentando ser fuerte.

Intentando no convertir mi dolor en una carga constante para quienes me rodean.
Intentando comprender cómo procurar el bien de alguien está mal, tal vez soy muy torpe y no tengo la lógica que tiene este mundo...
Y mientras hago todo eso, existe dentro de mí una cantidad enorme de palabras que no tienen a dónde ir.

Pero ahora tienen este lugar, creado en oscuridad, en madrugadas y días teñidos de dolor, lagrimas, deseos de cosas imposibles, ira, furia, frustración y ese vacío...

Si existe alguien más…
Por eso escribo para este planeta.
No sé quién encontrará estas páginas.
Tal vez este lugar es como una botella en el océano con una carta adentro…

No sé si existen muchos sintientes o si simplemente he necesitado imaginar que existen para no sentirme tan extraño.

Pero si alguna persona, en algún lugar, ha sentido alguna vez ese mismo dolor de anhelar a alguien y sentir que es ajena, sentir esa prohibición de tener alguien tan sublime tan lejos, de no poder tocar, mirar, hablar, expresar, sentir… vivir contenido en un océano con los anhelos reventando tu interior… la contradicción de amar alguien que duele y estar en la lucha diaria de querer conservar un corazón que a veces desearías apagar, quiero dejar una señal…
Estuve aquí…

Yo también hice esas preguntas.
Yo también intenté parecer indiferente y descubrí que no sabía hacerlo.
Yo también tuve miedo de que aquello que más me gustaba de mí terminara convirtiéndose en aquello que más dolor me causaba.
Y quizá por eso este lugar deba permanecer secreto.

Quiero imaginarlo como una habitación escondida dentro de un mundo demasiado ruidoso.
Un lugar donde pueda escribir aquello que me consume sin tener que reducirlo a cuatro palabras para no incomodar…
Un lugar donde pueda descubrir si es posible sentir y dejar las lágrimas rodar sin ser juzgado...
Un lugar donde tal vez aparezcan otros.
Para simplemente reconocernos y saber que no estamos solos en esta forma inusual de sentir...

Para decir:
yo también siento.
Por ahora, eso es lo único que puedo ofrecer.
Mi nombre debe permanecer en la oscuridad.
Mi rostro también.
Pero estas palabras son reales.
Este dolor es real.
Este conflicto es real.
Y este Refugio también.

Por eso soy el Cuervo de Corazones.

No sé todavía si estoy escribiendo el epitafio de mi corazón o construyendo el lugar que conseguirá mantenerlo vivo.

Supongo que eso es precisamente lo que he venido aquí a descubrir...

— El Cuervo de Corazones