Manifiesto

NO NACIMOS PARA ENCAJAR EN EL AMOR SUPERFICIAL,

No sé exactamente en qué momento sentir profundamente comenzó a convertirse en algo de lo que había que avergonzarse.

Tal vez ocurrió poco a poco.

Cuando nos enseñaron que demostrar interés era perder poder.

Cuando empezamos a llamar “madurez” a no necesitar a nadie.

Cuando sustituimos conversaciones incómodas por silencios, personas por perfiles, vínculos por opciones y corazones por catálogos infinitos que podemos deslizar con el dedo hasta encontrar algo que nos distraiga durante un tiempo.

Quizá simplemente nos acostumbramos.

Nos acostumbramos a escuchar:

“Ya se te pasará.”
“Hay muchas personas en el mundo.”
“Enamórate de ti.”
“No le escribas.”
“No demuestres tanto.”
“No seas intenso.”
“Déjal@ ir.”
“Madura.”
“Suelta.”

Como si amar fuera una enfermedad que debiera curarse.
Como si extrañar fuera una falla.
Como si desear compartir la vida con alguien significara no saber vivir la propia.
Como si la única manera de demostrar que hemos madurado fuera convertir aquello que sentimos en algo suficientemente pequeño como para que jamás vuelva a hacernos daño.

Yo también intenté hacerlo.

Intenté encajar.
Intenté castigarme por sentir demasiado.
Intenté convencerme de que aquello que me atravesaba no debía importarme tanto.
Intenté hablarme con la misma dureza con la que muchas veces habla este mundo:

“Ya deberías haber superado esto.”

“Deja de sentir.”

“Sé adulto.”

Pero un día entendí algo que me aterrorizó mucho más que volver a sufrir.

Estaba empezando a vivir como un zombie en piloto automático…

ESTE LUGAR NACE
AL BORDE DEL ABISMO

El Refugio del Corazón no nació desde la victoria, más bien desde guerras perdidas...

No nació cuando todo estaba bien.

No nació porque yo hubiera descubierto una fórmula secreta para amar.

Nació en un momento en que mi corazón estaba cansado.

Herido.

Confundido.

Desesperanzado.

Un momento en el que una parte de mí comenzó a preguntarse si quizá la única manera de sobrevivir era dejar de sentir como siento.

Comprendí que estaba frente a mi corazón gritando que esta vez no quería morir...

“No construí este refugio porque estuviera a salvo... Lo creé porque estaba a punto de perder esta parte de mí para siempre...”

ES EL GRITO DE UN CORAZÓN QUE SE NIEGA A DESAPARECER

Estas páginas no están escritas desde la distancia...

Hay palabras aquí que emergen mientras este corazón todavía sangra.

Preguntas para las que todavía no tengo respuesta.

Contradicciones que todavía estoy intentando comprender.

No quiero esconder eso.

Porque este lugar no fue construido por alguien que alcanzó una iluminación emocional.

Fue construido por alguien que está intentando salvar una parte de sí mismo que está en guerra tratando de vivir y morir a la vez.

Lidiando con una parte que durante demasiado tiempo ha sido castigada por sentir.

Por anhelar.
Por necesitar.
Por extrañar.
Por escribir...
Por amar con una ternura que muchas veces parece no tener lugar en este mundo que lo rodea...

Este Refugio es el eco de un corazón consumido por la desesperanza...

EL ADULTO QUE NO QUIERE ENCERRAR AL NIÑO

Se dice que dentro de los humanos existe todavía un niño.

Uno que quiere creer que el amor puede sentirse seguro.

Que quiere jugar.

Que quiere confiar.

Que todavía se sorprende cuando alguien lo mira de determinada manera.

Ese niño ha tenido miedo.

Ha sentido abandono.

Ha querido esconderse.

Y durante mucho tiempo pensé que madurar consistía en obligarlo a callar.

También existe un adolescente.

El que todavía escribiría una carta.

El que todavía cree en las miradas largas.

El que se emociona.

El que desea.

El que puede imaginar un futuro entero después de un instante extraordinario.

El que todavía quiere sentir ese fuego que muchos llaman ingenuidad cuando envejecen.

También intenté asesinarlo.

Porque el adolescente siente demasiado.

Y sentir demasiado parece peligroso cuando uno ya se conoce el dolor.

Pero ahora existe también un adulto.

Y esta vez quiero contener ese adulto...

Esta es una guerra diaria para que el adulto se detenga y frene ese doloroso deseo voraz de encerrar y matar al niño y su adolescente juntos.

Trato de que esta vez intente protegerlos...

Que le diga al niño:

“Puedes sentir. No tengas vergüenza, No temas.”

Que le diga al adolescente:

“Puedes enamorarte. Yo recordaré que todavía existen cosas por descubrir.”

Que pueda decirles a ambos:

“No tienen que desaparecer para que yo sea adulto.”

Ese ser es el que quiero intentar construir.

No uno que haya dejado de sentir.

Uno que pueda sentir profundamente sin que sea destruido por su mera existencia en este podrido mundo...

“Si conservar al niño y al adolescente dentro de mí es inmadurez...
entonces esta vez elijo no madurar como lo demanda esta podrida sociedad”

NO QUEREMOS LA MADUREZ QUE NOS OFRECEN

Hay una versión de la madurez contemporánea que parece exigirnos una amputación emocional.

No dependas.
No esperes.
No necesites.
No anheles.
No demuestres primero.
No entregues demasiado.
No te quedes demasiado.
No llores demasiado.
No ames demasiado.

Siempre existe alguien más.
Siempre existe otra opción.
Siempre puedes reemplazar.
Y si duele, conviértete en alguien a quien ya nada pueda dolerle.

A esa madurez le digo:

NO.

No quiero ser un adulto porque aprendí a sentir menos.
Quiero ser adulto porque quiero proteger aquello q amo con todas mis fuerzas.
Quiero límites.
Quiero responsabilidad.
Quiero realidad.
Quiero aprender a no convertir mi miedo en prisión.

Pero nada de eso exige arrancarme el corazón.

La realidad no necesita destruir el romanticismo.

Me cuesta aceptar que esto es lo que anhela mi corazón, pero esta vez será este lugar el recuerdo de q todavia en el fondo late y existe esta forma en mi interior...

ESTAMOS ATRAPADOS EN UNA MATRIX DE AMOR SUPERFICIAL

No una conspiración.

Algo quizá más peligroso por ser cotidiano.

Una cultura.

Una repetición constante.

Redes que convierten personas en vitrinas.

Algoritmos que nos acostumbran a sustituir en segundos aquello que deja de entretenernos.

Programas donde el amor es competencia.

Contenido que convierte cada discusión en una “red flag”.

Frases que transforman cualquier necesidad en dependencia.

Discursos que confunden autonomía con no vincularse.

Personas recomendándonos que tengamos siempre varias opciones para nunca quedar demasiado expuestos frente a una sola.

Y poco a poco empezamos a mirar al otro como algo reemplazable.

Una opción.
Una experiencia.
Una etapa.
Una fuente de validación.
Un contacto que podemos borrar.
Un perfil que podemos dejar de seguir.

Pero un ser humano no es un producto que pierde valor cuando deja de satisfacernos.

Y el corazón no funciona como una aplicación.

Por eso necesito escapar de esa matrix cultural aunque sea durante unos minutos.

Necesito un lugar donde podamos detenernos.

Sentir.
Escribir.
Pensar.
Discutir.
Preguntarnos si de verdad queremos vivir nuestros vínculos de esa manera.

Ese lugar es este, un lugar seguro para poder expresar lo que realmente sentimos...

ESTE REFUGIO ES UNA REBELIÓN

No una guerra contra hombres.

No una guerra contra mujeres.

Es una rebelión contra este mundo superficial de hoy:

Contra la obligación de avergonzarnos de sentir.

Contra la idea de que demostrar cariño nos hace débiles.

Contra los juegos de indiferencia.

Contra las estrategias destinadas a mantener ventaja emocional.

Contra la cultura del reemplazo.

Contra el consejo automático.

Contra el empoderamiento vacío que intenta convencernos de que necesitar vínculos humanos significa haber fracasado en amarnos a nosotros mismos.

Contra una sociedad que parece decirnos:

“si quieres dejar de sufrir, deja de amar así.”

Esta vez No...

Quiero saber si en algún lugar en este podrido mundo hay otra respuesta...

TAL VEZ ESTE SEA EL ÚLTIMO BASTIÓN

No sé adónde me llevará todo esto.

No sé en qué terminará esta obra.

No sé quién llegará a leer estas palabras dentro de cinco años.

Ni siquiera sé qué cosas que hoy creo terminaré cuestionando mañana.

Pero sé por qué necesito que este lugar exista.

Porque hay una parte de mí que está cansada.

Una parte que ha contemplado la posibilidad de desaparecer...

Y este Refugio es la muralla que estoy construyendo antes de que esa desesperanza termine de consumirme...

Mi último bastión...

El lugar donde dejo constancia de que alguna vez sentí...

De que alguna vez creí...

De que hubo un hombre que estuvo muy cerca de decidir que la ternura era demasiado peligrosa y que, en lugar de destruirla, comenzó a escribir...

Quizá estas palabras sean una reminiscencia...

Quizá sean una resistencia...

Quizá sea simplemente mi manera de mantener una pequeña llama encendida mientras alrededor todo parece decirme que sería más sencillo apagarla.

Pero mientras pueda escribir, todavía no soy de piedra.

Y SI TÚ TAMBIÉN ESTÁS AQUÍ...

Tal vez conozcas esta guerra...

Tal vez te hayan llamado intenso...
Cursi...
Ingenuo...
Dependiente...
Débil...

Tal vez alguien te haya dicho que deberías haberte recuperado ya...

Tal vez estés cansado de escuchar que “hay más personas en el mundo” cuando tú no estabas llorando por “una persona cualquiera”...

Tal vez tengas miedo de admitir que todavía quieres amor...

Pareja
Complicidad
Cartas
Deseo
Permanencia
Una mano conocida envejeciendo junto a la tuya

Tal vez también exista dentro de ti un niño protegiendo algo...

Un adolescente que todavía cree...

Y un adulto agotado que no sabe cuánto tiempo más podrá mantenerlos con vida...

Si es así, no voy a decirte que todo estará bien...

No sé si lo estará...

Pero sí puedo decirte esto:

aquí no tienes que asesinar esas partes de ti para poder entrar...

Puedes traerlas contigo...

ESTE ES EL REFUGIO DEL CORAZÓN

Aquí escribiremos lo que duele...

Lo que avergüenza...
Lo que contradice...
Lo que todavía esperamos...

Aquí cuestionaremos el amor superficial.
Aquí defenderemos la ternura.
Aquí defenderemos el romanticismo.
Aquí podremos amar.

Este lugar no existe para fabricar fantasías.

Existe para proteger aquello que todavía merece existir mientras vivimos en el mundo podrido de la superficialidad

No construí este lugar porque hubiera vencido a la desesperanza...
Lo estoy construyendo porque es el eco de una parte agonizante de mí gritando, que me pide no desaparecer...

Porque esta vez no quiero castigarme por sentir...
Porque esta vez no quiero convertirme en piedra...

Porque cuando el mundo me dice que madurar significa matar al niño y al adolescente que todavía protegen mi corazón, quiero poder responder:

No.

Esta vez quiero que el adulto se quede con ellos...
Esta vez quiero construir un refugio...

Y mientras quede alguien dentro capaz de sentir... el último bastión todavía estará en pie...