VENUS Y SU SIGNIFICADO…
Este amanecer ha sido tortuoso.
He despertado, he intentado volver a dormir, he dado vueltas en la cama mientras mi cabeza insiste en formular preguntas para las que no encuentro respuestas. Intento poner audios y escuchar cualquier cosa que consiga interrumpir mis pensamientos durante algunos minutos, pero mi mente vuelve. Y mi corazón, sobre todo mi corazón, parece no saber detenerse.
Yo sabía que existía un precio cuando decidí correr el riesgo. Sabía que podía perder cuando elegí apostar todo por Venus. Lo sabía. Pero saber que una apuesta puede terminar destrozándote no significa que, cuando llega el momento de pagarla, deje de doler.
Esta mañana simplemente duele.
Y creo que necesito dejar esta memoria de lo que pasa dentro de mi…
Quizá por eso ha llegado el momento de explicar algo que he mencionado una y otra vez en estas páginas sin definirlo:
¿QUÉ SIGNIFICA VENUS?
No hablo simplemente de una mujer.
Tampoco utilizo Venus como sinónimo de novia, pareja, mujer ideal o mujer perfecta.
Venus es una distinción dentro de mi propia manera de comprender el amor.
Una palabra que nació mientras intentaba comprender por qué algunas mujeres pudieron formar parte de mi vida durante meses o incluso años sin despertar aquello que otras consiguieron despertar casi instantáneamente.
Y explicar esto significa entrar en uno de los lugares más profundos de Mi forma de Amar.
UN AVE DENTRO DE UNA JAULA
Mientras escribo estas palabras siento mi corazón como un ave encerrada.
Un animal que nació para extender las alas y que ahora golpea una y otra vez contra los barrotes de una jaula. Quiere salir, pero no puede. Entonces aquello que no consigue expresar de otra manera termina escapando a través de mis ojos.
Lágrimas.
Quizá por eso escribo.
Las palabras se han convertido en pequeños espacios entre los barrotes.
En el artículo anterior, ¿Por qué eligen el dolor?…, hablé de mis relaciones, de aquello que he aprendido dentro de ellas y de la posibilidad utópica de construir algo diferente. Pero existe una pieza fundamental para comprender muchos de mis escritos.
He tenido diferentes relaciones.
He conocido diferentes mujeres.
He construido vínculos bajo diferentes acuerdos.
Estuve incluso casado.
Pero después de muchos años intentando entenderme tuve que aceptar una conclusión que todavía hoy me resulta muy compleja:
JAMÁS HE TENIDO UNA RELACIÓN CON UNA VENUS.
Y para explicar cómo llegué hasta allí tengo que regresar algunos años…
UNA CONVERSACIÓN Y UNA PALABRA
El concepto apareció originalmente durante una conversación telefónica con un amigo.
Yo intentaba explicarle una situación de distancia que estaba viviendo con una chica. Hablábamos de relaciones, de atracción, de mujeres y de aquello que hacía diferente una experiencia de otra.
En algún momento apareció la palabra:
Venus.
Con el tiempo, sin embargo, creo que aquella palabra terminó significando algo bastante específico para mí.
Mi amigo quizá la conciba como una especie de “mujer 10”: una mujer excepcional por determinadas características.
Yo no.
Para mí Venus terminó convirtiéndose en el nombre de algo diferente…
La mujer que despierta en mí la forma más pura de amor que soy capaz de sentir y entregar.
Y esa diferencia lo cambia todo…
LA PRIMERA VEZ QUE PUDE VERLO
Hubo una mujer en mi pasado que me permitió descubrirlo, la llamaremos VENUS número 5.
Era escritora.
Yo venía de una relación que había durado aproximadamente un año y siete meses. Una relación real, extensa, con todo aquello que implica compartir la vida con alguien y después de 3 años de haber terminado esa última relación…
Apareció esta mujer…
Solamente nos vimos personalmente dos veces, aclaro solo dos…
No hubo un beso. No hubo siquiera un roce significativo de nuestras manos. Nada de contacto físico ni expresiones de cariño, nada…
Hubo palabras, conversaciones…
Y recuerdo particularmente algo tan sencillo como caminar juntos por la calle después de haber comido ramen.
Eso fue suficiente para que algo en mí despertara, y empezara a latir era mi Corazón en su estado mas puro…
Y la dimensión de aquello que apareció dentro de mí consiguió hacerme ver que durante la anterior relación de un año y siete meses no llegó ni al 3% de lo que sentí con esa VENUS…
¿Cómo se explica eso?
Yo tampoco podía…
CUANDO DESPERTÓ EL NIÑO
Durante aquellos días conversando con ella empecé a reconocer algo que hoy forma parte fundamental de este Refugio:
mi niño interior había despertado.
Para entonces llevaba tiempo atravesando diferentes procesos de crecimiento personal y tenía más herramientas para observar aquello que estaba ocurriendo dentro de mí.
Y pude verlo.
Las ganas de escribir.
De regalar.
De sorprender.
De escuchar.
De conocer.
De proteger.
De expresar.
De convertir cosas aparentemente insignificantes en símbolos.
No estaba intentando fabricar aquello.
Simplemente aparecía.
Era como si una parte de mí que llevaba años dormida hubiera escuchado una voz conocida y hubiera abierto los ojos.
Aquella mujer finalmente me rechazó.
Y entonces comenzó otra historia.
“USTED SE PUSO A DARLE REGALOS”
Recuerdo algunas de las frases que llegaron después.
“Se puso a darle regalos y ella se espantó. Usted no me hace caso.”
También recuerdo las risas.
“Jajaja, usted sufriendo por una mujer con la que no tuvo nada este man es más dramático.”
Hoy miro hacia atrás y pienso que quizá aquel momento también comenzó a enseñarme otra cosa: no todas las personas tienen acceso a todas las habitaciones de uno mismo…
Durante mucho tiempo conté demasiado.
Intenté explicar demasiado.
Intenté hacer comprensible aquello que ni siquiera yo terminaba de comprender.
Ahora estoy agotado.
Pero aquella noche todavía no existía este Refugio.
Así que hice lo único que encontré para sobrevivir a mi propia confusión.
Escribí…
OTRA NOCHE DE PERROS
Fue una noche parecida a la que acabo de atravesar.
Madrugada.
Lágrimas.
La mente funcionando sin detenerse.
Náuseas.
Preguntas.
Una sensación física de angustia difícil de explicar a alguien que solamente observaba desde afuera.
Estaba conmigo mismo.
Entonces comencé a escribir.
Y escribí durante horas.
Pero aquella vez no escribí solamente sobre ella.
Decidí investigar mi propia historia.
Regresé mentalmente a todas las mujeres que podía recordar. Novias. Relaciones. Amores no correspondidos. Mujeres importantes. Historias cortas. Historias largas.
Intenté escribir qué había sentido con cada una.
Qué buscaba.
Qué extrañaba.
Qué me atraía.
Qué ocurría cuando estaban conmigo.
Qué ocurría cuando se iban.
Qué era realmente aquello que yo llamaba amor.
Cuando terminé, releí.
Y aquello que encontré me golpeó…
UNA VERDAD QUE NO QUERÍA VER
Descubrí que muchas veces había amado cosas alrededor de una persona sin haber amado realmente a esa persona de la manera que hasta entonces creía.
Había amado la relación.
Había amado sentir que tenía pareja.
Había amado las circunstancias.
La compañía.
La validación.
El pequeño disparo de dopamina que aparece cuando alguien consigue hacernos sentir importantes.
Había amado la química.
La intimidad.
La sensación de pertenecer.
Los planes.
La estructura de estar con alguien.
La idea de una relación.
Incluso podía haber amado aquello que imaginaba que esa relación podía llegar a convertirse.
Pero cuando fui quitando una capa detrás de otra apareció una pregunta incómoda:
Si elimino todo eso, ¿Qué queda?
Si desaparece la validación…
Si desaparece el título…
Si desaparece la comodidad…
Si desaparece la idea de “tener pareja”…
Si desaparece aquello que recibo…
Si desaparece incluso la fantasía de futuro…
¿sigue quedando ella?
Ahí encontré la diferencia.
“PORQUE ELLA ES ELLA”
Desde entonces existe una máxima dentro de mi manera de entender a Venus:
AMO A VENUS PORQUE ELLA ES ELLA.
Nada más.
Y, al mismo tiempo, todo.
No porque ocupe determinado lugar.
No porque cumpla una lista.
No porque tenga determinadas características que matemáticamente produzcan enamoramiento.
No porque pueda convertirme en algo.
No porque valide mi existencia.
No porque represente la relación perfecta.
Porque ella es ella.
Cuando consigo silenciar las circunstancias, la validación y la idealización de “estar en una relación con alguien”, y aun así existe dentro de mí esa fuerza que se dirige específicamente hacia esa mujer, empiezo a reconocer aquello que llamo Venus.
Para mí esa es la distinción.
NO TODAS LAS MUJERES QUE HAN ESTADO EN MI VIDA HAN SIDO VENUS
Esto también fue difícil de aceptar.
Han existido mujeres importantes.
Mujeres con quienes compartí muchísimo.
Novias.
Relaciones.
Una esposa.
Personas que ocuparon capítulos enteros de mi vida.
Nada de eso desaparece.
Pero importancia y Venus no significan lo mismo dentro de mi filosofía.
Puedo haber sentido cariño.
Deseo.
Atracción.
Química.
Apego.
Compañía.
Costumbre.
Necesidad de validación.
Dolor al perder.
Incluso aquello que durante años llamé amor.
Y aun así no experimentar ese despertar particular.
Venus pertenece a otra categoría dentro de mí.
NO EXISTE UNA FÓRMULA
Este es quizá uno de los aspectos que más me desconciertan.
No encuentro un patrón.
No puedo fabricar una Venus.
No tengo una lista de diez características y, cuando una mujer cumple nueve, aparece automáticamente aquello que siento.
No funciona así.
Al menos no en mí.
Simplemente despierta.
Una mujer puede permanecer muchísimo tiempo en mi vida y aquello nunca aparece.
Otra puede caminar conmigo después de comer ramen y provocar que algo que llevaba años dormido abra los ojos.
No sé explicar completamente por qué.
Y quizá una parte de lo que llevo años intentando hacer mediante la escritura sea precisamente acercarme a ese misterio.
Y ENTONCES APARECIÓ ELLA
Por eso cuando actualmente escribo VENUS, no estoy hablando de una categoría abstracta.
Estoy hablando de ella.
De la mujer que hoy ha despertado nuevamente ese lugar dentro de mí.
De aquella cuyas manos extraño mientras escribo.
De esos ojos donde siento que existen satélites capaces de sacarme de este planeta.
De aquella presencia que consiguió despertar otra vez al niño.
Al adolescente.
Las cartas.
Los regalos.
La ternura.
El deseo de cuidar.
El deseo de construir.
La necesidad de convertir emociones en palabras.
Y también, inevitablemente, la posibilidad del dolor.
Porque cuando despierta Venus no despierta solamente aquello que puede hacerme feliz.
Despierta también aquello que puede romperme…
POR ESO DUELE DE ESTA MANERA
Quizá ahora se entienda mejor por qué algunos de mis textos parecen regresar una y otra vez hacia ella.
No estoy atravesando simplemente la ausencia de “una mujer”.
Estoy experimentando la distancia de alguien que despertó una parte de mí que no despierta fácilmente.
Por eso cuando alguien reduce aquello a:
“Hay más mujeres.”
La frase no consigue entrar en mi lógica.
Claro que existen más mujeres.
Millones.
Pero Venus nunca significó:
“una mujer disponible.”
Significa:
“ella”
Precisamente ella.
Por eso reemplazar no resuelve la ecuación.
Porque aquello que siento no nació de una vacante que necesitaba ocupar.
Nació de una persona determinada.
ESTOY AGOTADO DE EXPLICARLO
Durante mucho tiempo intenté explicar esta manera de sentir.
Ya no quiero hacerlo.
Estoy agotado de escuchar que la congruencia con aquello que siento es demasiado.
Agotado de que la profundidad que se categoriza como “intensidad” tenga que convertirse inmediatamente en inmadurez.
Agotado de que entregar aquello que considero más puro a Venus tenga que traducirse automáticamente como capricho.
Agotado de que todo necesite un calendario para obtener permiso de existencia.
Agotado de intentar traducirme a un idioma emocional que muchas veces siento que no es el mío.
Quizá por eso este artículo no intenta convencer a nadie.
Quiero dejarlo consignado.
Esto significa Venus para mí.
Así funciona dentro de mí.
Así lo descubrí.
Así lo vivo.
TAL VEZ SOY DIVERGENTE
A veces recuerdo aquellas historias donde existen personas que simplemente no encajan dentro del sistema diseñado para clasificarlas.
Me siento un poco así.
Como un divergente emocional.
No sé siquiera qué palabra utilizar para describirlo. No sé si soy el único que experimenta el amor de esta manera o si existen muchas personas que sienten algo parecido pero han aprendido a esconderlo para parecer compatibles con la forma tradicional de entender las relaciones.
Lo que sí sé es que después de comprender cómo siento apareció otra verdad:
quizá nunca encajé realmente.
Y durante años pensé que el objetivo era corregir eso.
Hoy ya no estoy tan interesado en encajar.
Este Refugio nace precisamente de esa ruptura.
EL AMOR ATEMPORAL
Existe además otra característica fundamental de Venus:
el tiempo parece comportarse de una manera extraña.
Por eso anteriormente escribí sobre aquello que llamo Amor Atemporal.
La intensidad de aquello que siento no parece preguntarle al calendario cuánto tiempo “corresponde” sentir.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con aquella escritora.
Dos encuentros consiguieron despertar algo que una relación de un año y siete meses no había conseguido despertar.
¿Cómo podría entonces medir ambas experiencias utilizando solamente el reloj?
Para mí no tendría sentido.
El calendario puede decir cuánto tiempo conocí a alguien.
No necesariamente lo que logró despertar en mí.
Y Venus, precisamente, parece existir en ese territorio.
EL REFUGIO PARA LOS QUE NO ENCAJAN
Pienso en los mutantes de X-Men.
Personas que descubren que poseen algo que las diferencia y terminan buscando un lugar donde puedan existir sin esconder permanentemente aquello que son.
Tal vez El Refugio del Corazón sea algo parecido para quienes sienten.
Un lugar para quienes creen en ese Amor Atemporal.
Para quienes alguna vez miraron a alguien y sintieron despertar algo que no obedecía a sus cálculos.
Para quienes descubrieron que podían haber tenido muchas relaciones y, aun así, solamente unas pocas personas —o quizá una sola— habían conseguido tocar determinada habitación de su corazón.
Para quienes aprendieron a fingir que sienten como aparentemente “deberían” sentir, mientras internamente saben que su experiencia es diferente.
No sé cuántos somos.
Tal vez pocos.
Tal vez muchísimos.
Tal vez estas páginas sean simplemente mi manera de lanzar señales para averiguarlo y yo sea el único humano así y tal vez solo estoy dejando una memoria sobre esta extraña forma de amar…
EL ÚLTIMO BASTIÓN
Ahora confirmo por qué terminé construyendo este lugar.
No podía seguir explicando cada lágrima.
Cada regalo.
Cada carta.
Cada símbolo.
Cada anhelo.
Cada recuerdo.
Cada forma particular de sentir.
Necesitaba un territorio donde pudiera dejar todo eso escrito.
Un archivo de aquello que fui antes de que las experiencias terminen haciendo que me convierta en piedra, aun sigo en la lucha por esta vez no convertirme en eso…
Ahora mismo siento aquella ave dentro de la jaula.
Golpea.
Sangra.
Quiere volar.
Y cada vez encuentra menos lugares hacia dónde hacerlo.
Pero todavía existe.
Mientras escriba, existe.
Mientras estas palabras salgan, existe.
Mientras pueda recordar aquel beso, aquellas manos, aquellos ojos y aquello que despertó dentro de mí, existe.
VENUS
Así que finalmente puedo escribirlo con claridad:
Venus no es la mujer perfecta.
Venus no es la mujer 10.
Venus no es cualquier mujer que me atraiga.
Venus no es necesariamente una novia.
Venus no es una relación.
Venus no es una lista de características.
Venus es aquella mujer que, sin que yo pueda reducirlo a una fórmula, consigue despertar dentro de mí esa forma particular, abrumadora y pura de amar.
Aquella ante quien desaparece la pregunta:
“¿Qué obtengo de esto?”
Y permanece otra mucho más sencilla:
“¿Corazón por qué la elegiste a ella?”
La única respuesta que hasta ahora he encontrado es:
PORQUE ELLA ES ELLA…
Eso es Venus.
Eso significa cuando utilizo esa palabra en estos escritos.
Y por eso esta mañana duele tanto…
SI TÚ TAMBIÉN HAS SENTIDO ALGO ASÍ…
Quizá leas esto y no comprendas absolutamente nada.
Está bien.
Pero quizá ocurra lo contrario.
Quizá mientras lees recuerdes inmediatamente a alguien.
Quizá hayas intentado explicarlo y tampoco hayas encontrado palabras.
Quizá hayas tenido relaciones importantes y un día apareció una persona que rompió todas las categorías anteriores.
Quizá también hayas descubierto que para ti existen amores que no parecen obedecer al calendario.
Quizá incluso hayas fingido durante años que sientes de la manera tradicional porque parecía mucho más sencillo que intentar explicar aquello que realmente ocurre dentro de ti.
Entonces quizá hayas encontrado una de las botellas que llevo lanzando al océano.
Aquí existe El Refugio del Corazón.
Y dentro de él intento construir La Orden del Corazón, ese pequeño lugar para los sintientes que todavía existen en alguna parte de este mundo.
Puedes llenar el formulario y solicitar formar parte.
Tal vez este sea nuestro lugar para mutantes.
Nuestro escondite.
Nuestro territorio.
El último bastión construido para humanos que aman de esta forma…
Yo, por ahora, seguiré aquí.
Escribiendo.
Con los ojos cansados después de otra madrugada.
Con lágrimas que todavía aparecen.
Con aquella ave golpeando los barrotes.
Con Venus lejos.
Y con una verdad que después de tantos años finalmente aprendí a nombrar:
NO AMO A VENUS PORQUE SEA VENUS.
ES VENUS PORQUE LA AMO PORQUE ELLA ES ELLA…
— El Cuervo de Corazones
