¿SENTIR ES UN DRAMA?

Esta noche en medio de lo que estoy viviendo ha surgido una pregunta: ¿Sentir es un drama?. Y cada vez me convenzo más de que quizá este sea el lugar donde deba dejar aquello que siento: aquí, en este Refugio, detrás de un nombre que me permite hablar sin tener que explicarme todo el tiempo.

Tengo amigos y amigas a quienes quiero muchísimo. Personas valiosas que sé que estarían para mí. Pero en medio de todo esto estoy descubriendo algo que me duele reconocer: aquello que para mí tiene una profundidad enorme, para otros puede terminar convertido simplemente en “drama”. Hoy escuché una frase que se quedó clavada en mí: “Si no es un drama, a ti no te sirve.”

Y no sé si el problema soy yo.

Tal vez sí.

Tal vez mi manera de sentir no encaja con la forma en que muchas personas entienden la vida. Tal vez canso. Tal vez hablo demasiado de aquello que me atraviesa. Tal vez mi forma de mirar algunas cosas resulta excesiva para quienes pueden desprenderse de ellas con mucha más facilidad.

Por eso últimamente estoy pensando en replegarme.

Hablar menos de mí.

Contar menos.

Guardar más.

Ayer escribía sobre alejarme de determinado humor. Hoy siento que también quiero alejarme de ciertas conversaciones. Quizá escuchar a los demás y dejar mis propias tormentas aquí, donde nadie necesita cargarlas si no quiere leerlas.

CUANDO SENTIR SE CONVIERTE EN “DRAMA”

La ausencia de Venus se hace cada día más fuerte.

La extraño cada vez más.

Y sé perfectamente cuál es una de las respuestas que podrían aparecer desde afuera:

“Hay muchos peces en el mar.”

Otra de esas frases que llevo tiempo cuestionando.

La cultura del reemplazo.

Si alguien se va, aparece otro.

Si algo duele, cambia de persona.

Si extrañas demasiado, probablemente el problema es que no estás suficientemente ocupado.

Y sin embargo aquí estoy. Hago mi vida. Trabajo. Cumplo. Pienso. Camino. Como. Duermo cuando puedo. Y al mismo tiempo existe dentro de mí una parte que la extraña.

Una cosa no elimina la otra.

Se dice muchísimo que nadie necesita a nadie. Quizá sea cierto en determinado sentido. Pero esta noche, aun sin hablar de necesidad, sé cuánto desearía un abrazo de Venus. Sentir sus manos. Su piel. Mirar sus ojos. Volver durante un instante a aquel beso que me hizo sentir que había abandonado este planeta y había aparecido en otra galaxia.

Eso no desaparece porque alguien lo llame drama.

CADA VEZ HABLO MENOS

Estoy empezando a notar algo en mí: las palabras que antes buscaban personas ahora buscan este teclado.

Las conversaciones exteriores comienzan a convertirse en textos interiores.

Aquello que antes habría contado, ahora pienso:

“Mejor expresarlo en mi refugio”

Porque cuando algo que considero sublime termina reducido a una etiqueta, siento una reacción inmediata. Ilusión. Capricho. Drama. Falta de amor propio. Demasiado entregado. Cada palabra parece intentar explicar desde afuera algo que quien la pronuncia no está sintiendo desde dentro…

Y estoy cansado de defender lo que siento como si estuviera sentado frente a un tribunal.

Quizá Venus vino a mostrarme eso también: que existen cosas que tal vez tenga que aprender a escribir antes que intentar explicarlas.

A veces callar no significa que no exista nada.

Puede significar exactamente lo contrario:

hay demasiado dentro y ya no sé dónde ponerlo.

“ERES MUY ENTREGADO AL AMOR”

Alguien me dijo hace poco que soy una persona muy entregada al amor.

Y mientras más pienso esa frase, menos siento que me describa.

Yo no “soy alguien entregado al amor” de hecho puedo pensar que paradójicamente “odio el amor” porque siempre termino destruido…

No voy caminando por el mundo buscando cualquier lugar donde depositar todo esto…

De hecho, podría pensar que muchas de mis experiencias han terminado confirmando cierto miedo al amor. Porque cada vez que despierta de verdad, aparece también la posibilidad de terminar exactamente donde estoy esta noche…

Yo entregué mi corazón a Venus.

A ella.

Porque ella es ella.

Ese es precisamente el punto.

No fue “quiero amar a alguien”.

Fue:

“Algo en ella despertó algo en mí.”

Por eso este lugar se llama El Refugio del Corazón y no El Refugio del Amor.

Porque el problema nunca fue una teoría abstracta sobre amar.

El problema es lo que ocurre cuando mi corazón despierta.

EL CASINO

Últimamente imagino todo esto como un casino.

Cuando aquello despertó dentro de mí, supe que probablemente no iba a salir ileso.

Y aun así aposté.

No puse una ficha pequeña.

No entré pensando únicamente en probar suerte.

Aposté todo.

Y si volviera a nacer sabiendo exactamente cuánto podría doler, volvería a hacerlo…

Porque cuando sentí aquello no quería observar desde la grada.

Quería protegerla.

Quería mostrarle que quizá existía otra forma de hacer algunas cosas.

Quería darle aquello que tenía.

Quería intentar.

Ahora queda la sensación de haber apostado a tumba abierta y estar mirando una mesa en silencio, preguntándome qué ocurrió con todas las fichas que alguna vez estuvieron frente a mí.

Y duele.

Duele muchísimo…

UN CORAZÓN CAUTIVO

Hoy siento nuevamente esa imagen que aparece tantas veces en estos escritos:

un corazón lleno de cadenas.

Un corazón que siente, pero cuyo movimiento parece cada vez más pequeño.

Que anhela, pero permanece quieto.

Que quisiera hablar, pero empieza a aprender el silencio.

A veces pienso que estoy recibiendo un castigo. O pagando algún karma… No sé si realmente existe una contabilidad invisible del dolor, pero hay noches en las que la mente busca cualquier explicación para comprender por qué algo puede doler de esta manera…

Quizá por eso aparece también la tentación de guardar todo esto en un cofre.

Cerrar la tapa.

Ponerle llave.

Y que nadie vuelva a saber qué ocurre realmente aquí dentro…

Porque si lo que siento termina siendo un drama para los demás, quizá la solución sea dejar de mostrarles el escenario…

¿QUÉ SABEN?

Hay algo que se rebela dentro de mí cuando escucho ciertas explicaciones sobre lo que me pasa.

¿Qué saben de esos satélites que yo veía en sus ojos si nunca miraron desde los míos?

¿Qué saben de por qué la extraño si nunca sintieron sus manos desde mi piel?

¿Qué saben de “ilusiones” si yo jamás di por ganado el futuro y, aun así, aposté todo sabiendo perfectamente que podía perder?

¿Qué saben de aquello que “es mejor para mí” si no estuvieron dentro de ese instante en el que un simple toque consiguió hacerme sentir en un lugar seguro?

¿Qué saben de “entregar de a pocos” si no conocen esa sensación en la que algo dormido despierta en cuestión de segundos y de repente todo el cuerpo parece comprender antes que la mente?

¿Qué saben de tiempos para “sanar” cuando lo que sientes parece existir por fuera del calendario?

¿Qué saben de “drama” si no saben lo que es caminar normalmente mientras por dentro estás intentando contener una tormenta?

¿Qué saben de “capricho” si no conocen la experiencia de extrañar a alguien y, al mismo tiempo, sentir la impotencia de no poder transformar aquello que está ocurriendo?

¿Qué saben de mi corazón si nunca han estado dentro de él?

Tal vez esa sea precisamente la respuesta:

no tienen por qué saberlo.

Como yo tampoco puedo entrar en el cuerpo de otra persona para experimentar exactamente aquello que vive.

Pero entonces quizá algunas cosas no necesitan ser definidas tan rápido.

Tal vez no todo necesita una etiqueta cinco segundos después de ser escuchado…

LAS MUTACIONES DESPUÉS DE SENTIR

Empiezo a notar cambios.

No sé si son temporales.

No sé si algún día retrocederán.

Pero están ocurriendo.

Cuando algo nos rompe, no creo que volvamos exactamente al mismo lugar.

Podemos reconstruirnos.

Podemos transformarnos.

Podemos continuar.

Pero el ser humano que sale del otro lado carga información que antes no tenía.

Últimamente mis sonrisas están desapareciendo…

Mis conversaciones personales también empiezan a hacerlo…

Mi confianza en mostrar determinadas cosas está retrocediendo…

No necesariamente porque haya dejado de sentirlas…

Quizá justamente porque siguen importándome demasiado…

Cada palabra exterior se mezcla con las anteriores y va modificando mi relación con los demás, conmigo mismo y con ese pensamiento colectivo al que tantas veces siento que no pertenezco, siento más bien que empiezo a repudiarlo…

Y hay cosas que simplemente me niego a incorporar.

No quiero creer que reemplazar rápidamente demuestra madurez.

No quiero creer que sentir mucho convierte automáticamente algo en drama.

No quiero creer que anhelar es lo mismo que engañarse.

No quiero creer que la profundidad deba medirse según cuánto incomoda a quienes observan desde fuera.

Pero resistirse también cansa.

Y yo estoy cansado.

TAL VEZ ME CONVIERTA EN QUIEN ESCUCHA

Durante mucho tiempo he escuchado a otras personas.

Sus historias.

Sus problemas.

Sus contradicciones.

Sus amores.

Sus pérdidas.

Quizá ahora simplemente me dedique a eso.

Escuchar.

Y cuando se trate de mí, volver a este lugar.

Porque al menos aquí puedo dejar la versión completa de aquello que siento sin tener que resumirla para hacerla digerible.

Tal vez este sea mi océano.

Y cada artículo, una botella.

No sé dónde terminará.

No sé quién la recogerá.

Pero existe.

Y eso ya significa que lo que siento tuvo un lugar donde quedar escrito.

EL HOMBRE QUE QUERÍA ROBAR UNA SONRISA

Si algún día todo esto desaparece dentro de mí, quiero que estas páginas conserven una memoria.

Que alguna vez fui un hombre que veía algo pequeño en una tienda y pensaba:

“Esto podría hacerla sonreír.”

Que alguna vez quise regalar sin esperar nada de vuelta.

Que alguna vez amé con ternura.

Que alguna vez sentí eso que llamo atemporalidad.

Que alguna vez existió dentro de mí un niño capaz de maravillarse y un adolescente capaz de querer escribir una carta.

Que hubo noches en las que extrañé a Venus hasta sentir físicamente su ausencia.

Que existió un corazón que no sabía amar en dosis pequeñas cuando realmente despertaba.

Quizá algún día lea todo esto y no reconozca al hombre que lo escribió.

Por eso quiero dejarlo aquí.

Como una reminiscencia.

Él existió.

ESTA NOCHE LLORO EN CALMA

Esta noche las lágrimas vuelven a rozar mis mejillas.

Pero hay algo diferente.

Dentro de todo este caos estoy intentando abrazarme yo mismo.

No convencerme de que nada importa.

No decirme que estoy haciendo drama.

No repetirme que debería sentir diferente.

Simplemente reconocer:

esto es lo que está pasando dentro de mí esta noche.

Y quizá mi misión inmediata sea guardar esto aquí y empezar a cuidar esa parte de mí que cada vez quiere mostrarse menos.

No sé si volveré a confiar de la misma manera.

No sé cuánto voy a cerrar.

Pero hoy siento algo muy parecido a una retirada.

Ya no quiero ciertas conversaciones.

Ya no quiero ciertas opiniones.

Ya no quiero explicar constantemente aquello que para mí no necesita defensa.

Como alguna tuve que leer con el corazón roto:

“Ya no más regalos.”

Y esta noche esa frase parece mezclarse con otras:

Ya no más explicaciones.

Ya no más intentar convencer a nadie de que esto existe.

Ya no más mostrarlo donde siento que solamente se convertirá en otra etiqueta.

Por ahora, estará aquí.

SI TAMBIÉN TE HAN LLAMADO “DRAMÁTICO”

Quizá llegaste a esta botella en el oceano porque también te ocurrió.

Tal vez alguna vez contaste algo que te estaba destruyendo por dentro y recibiste una sonrisa incómoda, una frase hecha o la sensación de estar exagerando.

Tal vez empezaste a callarte.

Tal vez aprendiste a responder “todo bien” mientras dentro ocurría exactamente lo contrario.

Tal vez tú también sientes que existe una distancia enorme entre lo que experimentas y aquello que el mundo parece tener paciencia para escuchar.

Si algo de esto te resulta familiar, quiero creer que precisamente para personas así puede existir La Orden del Corazón.

Un lugar donde puedas poner palabras a aquello que normalmente guardas.

Tal vez seamos pocos.

Tal vez no.

Quizá apenas estamos lanzando botellas al mismo océano esperando descubrir que alguien más también estaba allí.

Yo, por ahora, voy a seguir escribiendo.

Porque aunque cada vez tenga menos ganas de hablar, todavía necesito algún lugar donde mi corazón pueda expresar lo que siente en paz y sin los malditos juicios de este podrido mundo…

Y si para otros sentir así es un drama, entonces tal vez estas páginas sean el único escenario donde por fin pueda representarlo completo…

— El Cuervo de Corazones

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