LOS CUATRO AMORES…
Llevo algunos días sin escribir. Empiezo este post con demasiadas ideas dando vueltas en mi cabeza porque durante estos días he recibido información de todas partes intentando encontrar respuestas para esto que siento, intentando comprender por qué las circunstancias me tienen exactamente aquí.
VENUS permanece en silencio. No sé si será temporal o permanente. Sueño con ella, la pienso y mis sentimientos siguen intactos. Pero algo sí está cambiando: aunque lo que siento permanece, esta situación está creando escudos cada vez más fuertes dentro de mí. Ya casi no hablo con nadie sobre lo que siento. O hablo con muy pocas personas. He buscado respuestas incluso desde las energías y otros lugares porque, sinceramente, los psicólogos y todo ese tema ya no me sirven de mucho. Ya conozco esos discursos estandarizados que terminan sin ayudarme absolutamente en nada. Algunas veces consiguen exactamente lo contrario: hacerme sentir como un imbécil, como un débil. Esa vulnerabilidad todavía existe cuando estoy solo en mi habitación durante la madrugada, pero en el mundo exterior siento que comienza lentamente a desaparecer.
Hace algunas noches estuve conversando con un grupo de desconocidos sobre el duelo de un corazón roto. Escuché perspectivas muy diferentes. Personas que habían intentado suicidarse. Personas que habían terminado internadas en centros de reposo. Personas con historias completamente diferentes y otras en las que podía reconocer fragmentos de mí. Me llamó especialmente la atención una psicóloga que estaba allí, porque decía tener perfectamente identificado su apego ansioso y explicaba que su forma de hacer catarsis era hablar, hablar y llorar durante horas hasta terminar completamente cansada.
Me vi reflejado en aquello.
Solo que quizá mi entorno no se presta para eso.
Tengo amigos muy valiosos, pero cuando intento sacar una y otra vez aquello que llevo dentro eventualmente se cansan, mientras yo continúo atrapado en el mismo bucle. Y los entiendo. El problema es que me duele. Este sentimiento es gigante. Pero resulta muchísimo más sencillo ponerle una etiqueta según el constructo social en el que habitamos, un lugar donde algunos parecemos piezas fabricadas para un rompecabezas al que nunca pertenecimos.
Llevo días sin expresar realmente lo que siento. He trabajado fuerte. He intentado encontrar respuestas antes de volver a escribir. He intentado continuar funcionando. Pero aquello que más me consume continúa siendo la desesperanza. Cada día parece crecer un poco más.
Como si VENUS quisiera enseñarme precisamente esa lección.
¿DE DÓNDE VIENE TODO ESTO?
Durante estos días también he estado indagando en otros lugares. He recibido información de alguien a quien llamaré una de mis sabias de confianza y, con su guía, he investigado mis orígenes genealógicos intentando entender qué ha ocurrido antes de mí.
Allí apareció una interpretación extraña pero profundamente interesante para mí: quizá exista algo heredado que podría llamar “infortunio en el amor”. Memorias de otras generaciones, historias, cargas y energías que de alguna manera llegan hasta mí.
No sé todavía si esa es realmente la respuesta.
Pero decidí hacer algo importante para mí: cortar los lazos con todas aquellas memorias y con todos aquellos ancestros que puedan estar transmitiéndome esa información.
Ya estoy harto.
Mi corazón también está cansado.
Quiero deshacerme de esta versión de mí y comenzar a incorporar otra. Una donde esas supuestas herencias energéticas ya no gobiernen aquello que vivo.
Pero inmediatamente aparece una pregunta que me frustra profundamente: ¿POR QUÉ NO LO HICE ANTES?
¿Por qué llegué hasta este punto precisamente cuando apareció VENUS?
¿Por qué tuve que comprender tantas cosas después?
Me frustra en el alma saber que VENUS me entrega este dolor tan gigantesco. La sueño demasiado. Algunas noches la anhelo entre lágrimas mientras intento dormir. Imagino un abrazo. Un beso tierno. Una palabra sencilla que me permita descansar.
Leo sus palabras intentando encontrarla.
Algunas veces escucho su música cuando siento que tengo suficiente fuerza para revivirla dentro de mí.
Pero entonces regreso a la realidad.
Y el golpe es brutal.
Porque durante algunos segundos vuelve a existir.
Y después despierto.
EL TAXISTA
Hace unos días ocurrió algo extraño.
Un taxista comenzó a contarme su historia.
Su esposa lo había dejado después de 48 años de matrimonio.
Me hablaba desde su dolor y repetía: “Todas las mujeres son iguales. Ellas solo lo utilizan a uno. Al único al que hay que amar es a uno mismo.”
Me contó cómo, de un momento a otro, sintió que su mundo entero se había derrumbado. Pero insistía en que él era fuerte. Muy fuerte. Ahora vivía solo.
Después, casi con orgullo, me contó que actualmente era amante de una mujer casada y que también estaba con otras mujeres que, según él, “lo utilizaban por dinero”, mientras él las “utilizaba para el placer”.
En otro momento probablemente se habría activado inmediatamente mi juez.
Esta vez ocurrió algo diferente.
Vi una cadena.
Una cadena que ya había comenzado a aparecer en mis escritos.
LA CADENA DEL DOLOR…
Alguien recibe una herida. La herida se convierte en rabia. La rabia se convierte en escudo. El escudo cambia la forma en que esa persona se relaciona. Y entonces aparecen nuevas personas que reciben consecuencias de una historia que jamás comenzaron.
Quizá aquel hombre alguna vez creyó profundamente.
Quizá alguna vez amó de otra manera.
No conozco toda su historia.
Pero mientras lo escuchaba no podía dejar de preguntarme: ¿Cuántas personas terminamos convirtiéndonos en aquello que alguna vez nos destruyó?
No sé qué intenta decirme la vida poniéndome estas historias enfrente precisamente ahora.
Porque a mí también comienza a resultarme muy difícil creer en las palabras de una mujer.
He empezado a sentirles miedo.
O quizá no sea exactamente miedo a ellas.
Quizá sea miedo a que alguna consiga despertar nuevamente esto dentro de mí.
Incluso en mi trabajo estoy harto de personas que solamente traen problemas, personas que no cumplen ni siquiera aquello que está escrito en un contrato, y casualmente muchas de esas situaciones recientes también han ocurrido con mujeres.
No sé si tengo alguna deuda que saldar. No sé qué demonios está ocurriendo. Mi sabia dice que pronostica que mi vida, después de algún tiempo, será completamente contraria a aquello que estoy viviendo ahora.
Pero sinceramente… No veo de dónde. No veo cómo…
SER SINTIENTE PARECE UNA DEBILIDAD
Todas estas situaciones y toda esta información me han llevado a una conclusión incómoda: ser sintiente en este podrido mundo parece una debilidad.
Porque sentir significa crear dentro de ti un lugar donde alguien puede llegar.
Y aquello que puede entrar también puede destruir.
Durante mucho tiempo escuché hablar del amor como si fuera una unidad. Como si existiera una sola cosa llamada AMOR que mágicamente resolviera todo lo demás.
Pero mientras intento entender aquello que me ocurre he comenzado a verlo de otra manera.
Para mí el amor parece fragmentarse en cuatro dimensiones.
Cuatro formas diferentes que pueden encontrarse dentro de una relación.
Y quizá, cuando consiguen coexistir, aparezca algo que quiero llamar:
LA FORMA PERFECTA.
Tal vez sea solamente una utopía como todas las que escribo aquí…
Tal vez existan muy pocas personas capaces de vivirla.
Pero quiero dejarla aquí porque quizá esta perspectiva pueda servirle a alguien que llegue hasta este Refugio buscando exactamente aquello que yo estoy buscando.
No soy altruista y lo dejo claro.
Pero quizá mi altruismo aparece precisamente cuando consigo verme reflejado en alguien más.
Si llegaste hasta aquí, probablemente alguna razón tienes.
Y quizá todavía conserves esperanza suficiente para probar esta perspectiva.
¿QUÉ ES EL AMOR?
Muchos seres humanos tienen endiosado el amor.
Dicen que es la forma más perfecta que existe en el mundo.
Yo no lo considero así.
El amor es crear una debilidad dentro de uno mismo.
Y ser consciente de aquello puede resultar abrumador.
Porque amar significa descubrir que existe alguien cuya presencia puede hacerte extraordinariamente feliz, pero cuya ausencia también puede abrir un agujero dentro de ti.
Por eso ya no puedo comprender el amor como una sola cosa.
Para mí existen cuatro dimensiones:
UN SENTIMIENTO LLAMADO AMOR.
UNA LEALTAD LLAMADA AMOR.
UN PRINCIPIO LLAMADO AMOR.
UNA ACCIÓN LLAMADA AMOR.
Y quizá ninguna de ellas, por separado, sea suficiente.
1. UN SENTIMIENTO LLAMADO AMOR
El sentimiento del amor puro, en mi caso, significa el despertar de mi forma más inocente.
Es querer proteger a alguien, procurar su bien, cuidarla, verla sonreír, acompañarla.
Pero dentro de ese sentimiento también existe algo que pocas veces admitimos.
Existe un niño queriendo ser él quien proteja y, al mismo tiempo, queriendo recibir el reconocimiento de aquella persona que ama.
Querer sentir: “Aquello que te entrego significa algo para ti.”
A eso normalmente le llaman reciprocidad.
Ese deseo de encontrar algo de vuelta cuando inconscientemente convertimos al otro en espejo.
Pero aquí aparece una palabra que últimamente me cabrea muchísimo: “Yo no siento lo mismo, no te puedo ofrecer lo mismo.”
VENUS no ha sido recíproca conmigo.
Al menos no en aquello que yo esperaba encontrar.
Y esto me ha obligado a preguntarme qué demonios significa realmente reciprocidad.
Durante los próximos meses quizá tome la decisión de evaluarme con profesionales porque sospecho que puedo ser neurodivergente. No lo sé todavía. Pero sí sé que cuando aparece VENUS mi verdadera forma de amar se activa de una manera que no ocurre normalmente.
Y descubrí algo: nunca he necesitado que me amen exactamente de la misma manera.
Quizá solamente necesitaba encontrar un lugar donde mi forma de amar pudiera existir.
Un lugar donde aquello que quiero entregar pueda simplemente ser recibido.
Porque si reciprocidad significara literalmente entregar exactamente lo mismo, en exactamente la misma cantidad y exactamente de la misma forma, tendríamos un problema incluso intentando explicar otros amores humanos.
Un padre y un hijo no aman de la misma manera.
No sienten desde el mismo lugar.
No entregan exactamente lo mismo.
Por eso me cuesta aceptar esa idea matemática del amor.
No tenemos una máquina capaz de entrar en la mente o el corazón de dos personas y determinar:
PERSONA A: 87%
PERSONA B: 64%
No existe.
Entonces convertir el sentimiento en una balanza exacta me parece una falacia.
El sentimiento llamado amor cambia, se transforma, evoluciona.
Puede adquirir nuevas formas con el tiempo.
Pero al mismo tiempo existe algo que es su ESCENCIA y esta es la que permanece…
Ese es el primero de mis cuatro amores.
2. UNA LEALTAD LLAMADA AMOR
Después aparece algo completamente diferente.
Las LEALTADES DEL AMOR.
Si el sentimiento es aquello que ocurre dentro de mí, la lealtad aparece cuando dos personas construyen un vínculo y comienzan a establecer acuerdos.
En mi caso soy monógamo. Por lo tanto, si estoy dentro de una relación con alguien, una de mis lealtades consiste en no estar con nadie más. Pero existen muchas otras. Guardar determinados secretos que pertenecen solamente a nosotros.
Cumplir aquello que acordamos.
Sostener nuestra palabra.
Proteger aquello que pertenece al vínculo.
No romper deliberadamente los acuerdos sobre los cuales decidimos construir.
En esta dimensión, amar significa también: SER LEAL A AQUELLO QUE CONSTRUIMOS JUNTOS.
Y creo que aquí ocurre gran parte de la destrucción de muchas relaciones.
Porque las lealtades dependen de la capacidad de dos personas para cumplir los acuerdos que construyeron.
Cuando esos acuerdos se mantienen, algo crece: confianza.
Y pocas cosas me parecen tan difíciles de construir como la confianza.
Especialmente cuando alguien llega desde relaciones anteriores donde le mintieron, donde escuchó una cosa y vio otra, donde las palabras prometían una realidad y los hechos terminaron demostrando exactamente lo contrario.
Ese ser humano llega con la confianza hecha trizas.
Quizá por eso algunas personas necesitan muchísimo más de este segundo amor.
No necesariamente más palabras.
No necesariamente más romance.
Necesitan comprobar, una y otra vez: “Tu palabra permanece.” “Nuestro acuerdo permanece.” “Puedo descansar aquí.”
Eso también es amor y en este caso tenerle paciencia a una persona que llega así también es una forma muy valiosa de demostrar amor.
3. UN PRINCIPIO LLAMADO AMOR
Después aparece la dimensión que quizá más me hace pensar.
El amor como principio.
Cuando existe un vínculo con alguien y amo a esa persona, aparece dentro de mí el deseo de procurar su bien, protegerla y evitar aquello que pueda hacerle daño.
Es extraño. Mientras escribía este párrafo llegó por un instante a mi memoria el olor suave del ambientador de la casa de VENUS.
La extraño muchísimo. Pero continúo. Para mí, el amor como principio puede condensarse en una pregunta:
¿AQUELLO QUE ESTOY HACIENDO O DICIENDO LE HACE DAÑO A QUIEN AMO?
Parece una pregunta sencilla, hasta que llega la decepción, la rutina, los conflictos, el ego.
Porque cuando el sentimiento comienza a debilitarse o transformarse, puede aparecer algo que ya he explorado anteriormente en La Trampa del Péndulo.
El vínculo comienza a sentirse como obligación. La otra persona comienza a pesar.
Aquello que anteriormente resultaba sencillo empieza a experimentarse como sacrificio.
Y entonces el ego coloca una balanza sobre la mesa.
YO contra NOSOTROS.
Es allí donde el principio puede comenzar a flaquear.
Ya no preguntamos:
“¿Esto dañará a la persona que amo?”
Preguntamos:
“¿Por qué debería importarme?”
Y para mí existe una diferencia enorme.
El amor como principio no significa que una persona tenga que desaparecer dentro del vínculo. Se trata de acuerdos claros donde ambos puedan construir algo que tenga sentido para los dos.
Pero el verdadero examen de este amor aparece precisamente durante el conflicto.
Cuando estás molesto.
Cuando existe una discordia.
Cuando podrías utilizar exactamente aquello que sabes que destruiría al otro.
Cuando conoces su herida.
Cuando tienes la palabra exacta.
El dardo perfecto.
Y decides no lanzarlo.
Cuando eliges cuidar incluso mientras estás molesto, allí estás aplicando aquello que yo llamo: EL AMOR COMO PRINCIPIO.
4. EL AMOR COMO ACCIÓN
Finalmente están los hechos.
Porque el amor también necesita existir fuera de nuestra cabeza.
Aquí aparece una palabra que cada vez significa más para mí:
CONGRUENCIA.
Cuando amo a alguien, digo lo que hago y hago lo que digo.
Si digo que te amo, existe alguna forma de verlo.
Si digo que voy a estar, existe continuidad.
Si conozco aquello que te lastima, mis acciones tienen memoria.
Si prometo algo, existe una relación entre aquella promesa y mi comportamiento posterior.
Palabras y hechos comienzan a caminar en la misma dirección.
Para mí eso es amor como acción.
Y quizá esta sea una de las dimensiones cuya ruptura más daño puede provocar.
Porque ocurre algo terrible cuando las palabras avanzan hacia un lado y los hechos hacia otro.
Hoy: interés,
Mañana: frialdad.
Hoy: cercanía.
Mañana: distancia.
Hoy: palabras.
Mañana: silencio.
Ese movimiento incluso aparece convertido en estrategia dentro de ciertos discursos de seducción.
Pero para un sintiente puede terminar destruyendo algo muchísimo más profundo: la capacidad de creer.
En mi caso siento que estoy comenzando a experimentar algo que podría parecerse a aquello que se denomina “filofobia”: miedo al amor o a enamorarse.
Porque sentir comienza a asociarse con peligro.
Entonces ya no solamente cuesta creer en las palabras.
Cuesta creer en las personas.
Y en mi caso…me cuesta creer.
LA FORMA PERFECTA
Entonces llego a aquello que quería dejar escrito esta madrugada.
Quizá una relación no se sostiene solamente porque dos personas sientan amor.
Quizá necesita que cuatro dimensiones consigan encontrarse.
SENTIMIENTO: existe algo dentro de mí que te ama.
LEALTAD: protejo los acuerdos que construimos.
PRINCIPIO: incluso durante el conflicto recuerdo que aquello que hago puede destruirte y elijo hacer aquello que no te destruya ni a ti ni a mi.
ACCIÓN: mis hechos sostienen aquello que mis palabras dicen.
Y cuando las cuatro consiguen coexistir aparece aquello que quiero llamar:
LA FORMA PERFECTA.
No perfecta porque jamás existan conflictos.
No perfecta porque dos personas sean idénticas.
No perfecta porque todo permanezca inmóvil.
La llamo perfecta porque las diferentes dimensiones del amor consiguen caminar hacia el mismo lugar.
SIENTO.
SOY LEAL.
PROTEJO.
ACTÚO.
Quizá cuando una desaparece comiencen determinadas fracturas.
Puede existir sentimiento sin lealtad.
Puede existir lealtad sin sentimiento.
Puede existir sentimiento y lealtad sin principio.
Puede existir un hermoso discurso sin acciones.
Puede incluso existir acción convertida en rutina cuando aquello que alguna vez la alimentó ya desapareció.
Pero cuando las cuatro están vivas… quizá aparece algo extraordinariamente difícil de destruir.
LO QUE QUERÍA ENSEÑARLE A VENUS
Yo quería enseñarle esta teoría a VENUS.
Quería utilizarla para intentar construir un vínculo sano.
Quería sentarme algún día con ella y hablar sobre estas cosas.
Explicarle aquello que estaba descubriendo.
Escuchar también su perspectiva.
Construir nuestra propia versión.
Pero antes de llegar hasta aquí fui destruido.
Recibí algunos de los días más hermosos que recuerdo para después ver cómo, de un momento a otro, me eran retirados.
La explicación común probablemente sería que intenté encajar dentro de la historia de alguien que simplemente cambió de opinión.
Pero existe un problema.
Sus sentimientos no me parecieron falsos.
Tal vez fueron efímeros.
Tal vez cambiaron.
No lo sé.
Pero fueron suficientemente reales para mí como para creerlos.
Y ahora sus acciones parecen caminar en dirección contraria a algunas de aquellas palabras.
Aun así, VENUS continúa siendo mi fuente de inspiración para escribir estas letras mientras en mis ojos se desata una tormenta durante esta madrugada.
Quería enseñarle los Cuatro Amores.
Quería construir un vínculo sano, fuerte y estable.
Quería entender juntos qué necesitaba cada uno.
Pero antes llegaron algunos chistes que comenzaron a lastimar mi corazón.
Y aunque ella sabía que me dolían, aparecían nuevos dardos mientras yo intentaba hacerme fuerte y decir: “No pasa nada.”
Sí pasaba.
Me dolía.
Me dolía muchísimo.
Antes de poder mostrar mis actos, aquello que intentaba entregar desde mi congruencia comenzó a sentirse rechazado y castigado.
Antes de darle oportunidad a esta extraña —y quizá para algunos tonta— forma de amar que nace de mi alma…fui arrancado de su vida.
LA HOJA ARRUGADA
Hay una imagen que no puedo sacar de mi cabeza.
Siento que soy como una hoja sobre la cual alguien comenzó a escribir una historia.
Escribió algunas líneas.
Quizá le parecieron bonitas.
Continuó durante algunas páginas.
Y entonces algo cambió.
Miró la hoja.
Ya no le gustó.
La arrugó.
Y la lanzó a la cesta de basura.
Así me siento.
Porque todo esto hacía parte de aquello que tenía para ella.
Los Cuatro Amores.
Las Tres Puertas.
Las cartas.
Las ideas.
Los proyectos.
Las conversaciones.
La posibilidad de construir.
Mi forma de amar.
Pero antes siquiera de tener tiempo suficiente para demostrarlo… fui arrojado.
Y duele, la extraño, extraño sus manos, su cara, sus ojos, sus labios, su voz.
No entiendo por qué algo que comenzó de una forma tan hermosa tenía que terminar convirtiéndose en esto.
Por ahora continúo con mi vida, trabajo, cumplo.
Intento responder por mis responsabilidades.
Sigo avanzando aunque algunas veces parezca que solamente estoy moviendo el cuerpo mientras mi mente permanece en otro lugar.
Pero después llega la madrugada.
Y puedo regresar al anonimato.
Aquí nadie conoce mi rostro.
Aquí puedo escribir aquello que afuera comienzo a callar.
Aquí todavía puede existir mi AMOR ATEMPORAL.
Ese que no está gobernado por el calendario.
Ese que no acepta las métricas de este podrido mundo para decidir cuándo un sentimiento debería existir y cuándo debería desaparecer.
EL ÚLTIMO BASTIÓN
Esta madrugada vuelvo a refugiarme aquí.
En un teclado, en una habitación, en el silencio.
Y también en la vergüenza que siento por amar de esta manera.
Porque haberle mostrado todo esto a esa mujer maravillosa que para mí es VENUS y después sentir su rechazo me cala hasta los huesos.
Dentro de mí todavía existe un niño llorando sin entender por qué ocurrió todo esto.
También existe un adolescente que quiere salir huyendo.
Y cada día aparecen nuevos escudos. Uno, después otro, después otro.
Escudos intentando encerrar al corazón.
Intentando decirle: “Nunca vuelvas a hacer esto.”
Quizá por eso hoy comprendo más que nunca el significado de este lugar.
ESTE ES EL ÚLTIMO BASTIÓN.
El lugar donde puedo dejar constancia de que alguna vez amé de esta manera.
De que alguna vez existió dentro de mí esta pureza.
De que antes de que los escudos terminaran de construirse hubo un hombre que todavía quería escribir cartas a mano, cuidar, construir, proteger, soñar, ser leal, cumplir su palabra y amar con todo aquello que representaba su existencia.
Quizá dentro de algunos años vuelva a leer esto.
No sé quién seré entonces.
No sé qué quedará de aquel hombre.
Pero estas palabras permanecerán como evidencia: alguna vez existió.
LOS CUATRO AMORES
Si llegaste hasta aquí y todavía estás a tiempo dentro de tu vínculo, recuerda estas cuatro dimensiones.
SENTIMIENTO. Pregúntense qué sienten y cómo ha cambiado aquello que sienten.
LEALTAD. Pregúntense cuáles son los acuerdos que sostienen su vínculo y cuáles necesitan reconstruir.
PRINCIPIO. Pregúntense si todavía recuerdan que enfrente existe alguien cuyo corazón puede ser afectado por aquello que hacen.
ACCIÓN. Miren si aquello que dicen y aquello que hacen todavía caminan hacia el mismo lugar.
Quizá puedan discutir estos Cuatro Amores, enseñárselos mutuamente, modificarlos, crear los suyos.
Tal vez esta perspectiva les permita construir un vínculo estable. Quizá incluso uno soñado.
Y si alguna vez esta idea consigue ayudar a alguien, puedes escribirme mediante el formulario de contacto o unirte a LA ORDEN DEL CORAZÓN, ese lugar donde quizá podamos construir juntos el Refugio de los Sintientes.
Hoy vuelvo a lanzar una botella al océano.
Algunas veces pienso que todo esto puede ser una ilusión.
Que quizá no exista nadie más capaz de sentir de esta manera.
Que quizá estoy construyendo un Refugio para habitantes que nunca llegarán.
Pero si estás leyendo esto y algo dentro de ti reconoció estas palabras… entonces quizá no soy el único.
Quizá tú tampoco.
Y mientras todavía quede alguien capaz de sentir, de ser leal, de proteger aquello que ama y de convertir sus palabras en acciones… el último bastión todavía seguirá en pie.
— EL CUERVO DE CORAZONES
