LAS TRES PUERTAS…

Hace varios días que no escribo. He estado consumido por la nostalgia, el dolor y las lágrimas que me deja el silencio de VENUS. No he podido dormir tranquilo. Sueño mucho con ella y luego despierto y no la encuentro. Ella cortó conmigo las comunicaciones y me duele no saber de ella. Hoy comprendo esa dolorosa sensación de amar a alguien y escuchar en sus palabras como por ejemplo: “no estorbas”, “te extraño”, y aun así ver cómo decide deliberadamente sacarte de su vida. No entiendo qué karma estoy pagando. Y la única conclusión a la que llego en silencio es esta: quizá esta forma de amar es mala. Quizá aleja a las mujeres. Estoy rodeado de información que parece repetirme que, aunque intente entregar amor de esta manera, el desenlace siempre termina siendo el silencio…

Cada vez pienso más que me resulta difícil creer en las palabras de una mujer. Alguien me dijo esta semana una frase que me dijo una mujer y que todavía resuena en mi cabeza: “Las mujeres somos crueles…”. Y creo que hoy siento esa frase sobre mi propia piel.

Hace días quería escribir sobre esto, porque precisamente fue una de las cosas que VENUS despertó en mí. Me produce una impotencia enorme saber que estoy claro y seguro de lo que pienso, de lo que siento y de lo que hago, y al mismo tiempo sentir que este mundo está tan podrido que nos enseña constantemente a desconfiar. Estamos tan acostumbrados a lo podrido que lentamente también estoy cayendo en ese lugar donde ya no sé si una palabra es sincera, donde cada promesa parece sospechosa y donde creer comienza a sentirse como una ingenuidad peligrosa. A través de este dolor, VENUS me está enseñando a no confiar en nada, a dudar de todo. Y quizá, sin quererlo, a través de sus hechos estoy convirtiéndome precisamente en alguien con sus mismos escudos.

Este amor está destruyendo mi confianza en los demás. Está aumentando mi desconfianza hacia las mujeres. Está haciendo que quiera huir de esos “bonitos sentimientos” que no despiertan mas que dolor y desesperanza…

¿POR QUÉ HACEMOS TAN DIFÍCIL ALGO QUE PODRÍA SER TAN SENCILLO?

Me pregunto constantemente por qué este mundo tiene tanta facilidad para complicarse la existencia. ¿Por qué aquello que podría hablarse termina convertido en silencio? ¿Por qué aquello que podría construirse termina convertido en una guerra de interpretaciones, defensas, miedo y orgullo?

La razón por la que ella es VENUS tiene mucho que ver con algo que comprendí después de vivir aquellos días y momentos tan maravillosos junto a ella. Después de procesarlos descubrí algo extraño, algo que nunca había formulado de esta manera:

Sentí que con una sola persona podía abrir tres puertas.

La puerta del niño interior.

La puerta del adolescente.

Y la puerta del adulto.

Eso, para mí, es extraordinariamente difícil de encontrar.

No solamente para un hombre. También para una mujer.

Porque abrir esas tres puertas significa permitir que tres versiones profundamente diferentes de nosotros puedan existir frente a la misma persona.

Y quizá ahí comience una de las formas más extrañas de intimidad.

PRIMERA PUERTA: EL NIÑO

Cuando liberamos al niño interior aparecen cosas que generalmente intentamos ocultar: nuestros miedos, heridas, inseguridades, vacíos, carencias, necesidades de ternura y partes de nuestra historia que todavía duelen.

En los hombres esto puede resultar especialmente difícil. Un hombre rara vez habla espontáneamente de sus heridas. Normalmente habla de sus logros. De aquello que consiguió. De sus resultados. De aquello que puede demostrar.

Como dice un gurú que escuché alguna vez:

“El hombre es objeto de éxito.”

Y quizá por eso muchos aprendemos desde muy temprano a presentar resultados antes que heridas.

Hablamos de victorias porque sentimos que eso es aquello que nos vuelve deseables.

Trabajo, dinero, resultados, fuerza, capacidad, ambición…

Pero detrás de todo eso puede existir todavía un niño.

Uno que tuvo miedo, uno que alguna vez se sintió insuficiente, uno que fue abandonado, uno que fue rechazado, uno que alguna vez solamente quiso sentirse importante para alguien…

Y cuando un hombre llega a confiar profundamente en una mujer, algunas veces esa puerta comienza a abrirse.

Aparece la ternura, aparecen las heridas, aparecen esos recuerdos que normalmente no se cuentan, aparece una fragilidad completamente diferente a la imagen que generalmente mostramos al mundo.

Ese es un momento crítico dentro de cualquier vínculo.

Porque si esa versión aparece y es rechazada, invalidada, ridiculizada o subestimada, algo cambia.

Me ocurrió en una relación anterior.

Cuando muestras aquello que normalmente escondes y descubres que ese lugar no puede contenerlo, el vínculo comienza a dejar de sentirse como un refugio.

Y tarde o temprano puede quedar condenado a desaparecer.

Durante mucho tiempo quise encontrar un lugar así. Un lugar donde pudiera abrir esa puerta.

Ahora, curiosamente, mi lugar seguro parece ser este.

Este Refugio, este anonimato, estas páginas, esta identidad que nadie conoce completamente.

Tal vez al final no sea otro ser humano, tal vez, por ahora, soy yo mismo, mi mente, mis letras y El Cuervo…

SEGUNDA PUERTA: EL ADOLESCENTE

El adolescente representa algo completamente distinto. Para mí representa la aventura, la capacidad de soñar, la imaginación, el deseo, el descubrimiento, el erotismo, la espontaneidad, la emoción de hacer algo solamente porque sí.

Y sobre todo: El romance libre…

Pienso que existen diferentes tipos de romance porque el romance es una concepción profundamente individual. Allí emergen los lenguajes del amor y todas sus combinaciones posibles.

Para una persona romance puede ser una cena.

Para otra, una carta escrita a mano.

Para otra, viajar sin plan.

Para otra, escuchar una canción juntos.

Para otra, dormir abrazados.

Para otra, preparar una sorpresa.

Para otra, caminar durante horas hablando de absolutamente todo.

No existe una única forma.

Pero esta puerta también es frágil.

Porque el adolescente todavía conserva algo del niño.

Todavía sueña, todavía imagina, todavía quiere creer que existe algo extraordinario, todavía puede convertir pequeños momentos en mundos enteros y mostrar esa parte también implica exponerse.

Cuando alguien enseña su versión del romance y recibe rechazo, algo se rompe profundamente.

No porque la otra persona necesariamente tenga que compartir aquella forma de sentir, sino porque el rechazo puede transformarse rápidamente en algo mucho más doloroso: Vergüenza…

Y en mi caso la vergüenza puede resultar insoportable.

Es ahí donde nacen inmediatamente los escudos.

El adolescente quiere desaparecer, quiere encerrarse, quiere apagar las luces, quiere jurar que nunca volverá a mostrar esa parte de sí mismo.

En esta puerta recibí una tarde incluso el juicio de una “profesional de la salud mental”.

Apareció la palabra: “Inmaduro”

Y quizá por eso pienso tanto en esta puerta.

Porque resulta demasiado fácil convertir el romance de alguien en objeto de juicio simplemente porque no coincide con nuestra forma particular de entenderlo.

Si no te gusta el romance de una persona, si te incomoda, si no lo quieres o simplemente no conecta contigo, existe una diferencia enorme entre rechazar aquello y convertirlo en burla.

Las palabras pueden destruir precisamente la parte que alguien tuvo miedo de enseñarte.

Y cuando alguien utiliza esa vulnerabilidad para alimentar su ego, quizá debería recordar algo extremadamente sencillo: Algún día podría encontrarse exactamente en el mismo lugar o podría estar allí alguien a quien amas…

Trata al otro como te gustaría que te trataran.

Ese sería el mundo ideal.

Aunque tal vez sea pedirle demasiado a este podrido mundo…

TERCERA PUERTA: EL ADULTO

Después aparece el adulto.

Tal vez esta sea la puerta que mantenemos abierta casi permanentemente.

Es quien observa, quien analiza, quien trabaja, quien toma decisiones, quien se responsabiliza, quien calcula consecuencias, quien intenta mantener la neutralidad, quien comprende las circunstancias, quien intenta cuidar sus comportamientos.

En teoría parece la parte más difícil de herir.

Pero quizá su fragilidad sea otra.

Su fragilidad está en tener que contener constantemente a los otros dos…

El niño tiene miedo.

El adolescente quiere correr hacia aquello que desea.

Y el adulto permanece en medio intentando gobernarlos.

“No hagas eso.”

“Espera.”

“Piensa.”

“Controla.”

“No escribas.”

“No llames.”

“No preguntes.”

“No sueñes.”

Y llega un momento donde contenerlo todo también pesa.

Aparece el estrés.

Aparece la ansiedad.

Aparece el agotamiento.

Y entonces incluso el adulto comienza a tambalear.

Porque quizá la “madurez” no consiste solamente en gobernar emociones.

Quizá también existe un límite para vivir permanentemente intentando impedir que partes enteras de uno mismo respiren…

LA SINFONÍA DE UN VÍNCULO

Entonces aparece la idea que llevaba días queriendo escribir.

Pienso que para que un vínculo llegue a una forma extraordinaria debería existir una especie de sinfonía.

Tal vez sea utópico.

Tal vez prácticamente no exista.

Tal vez sea extremadamente difícil.

Pero así como apareció el universo con todas las probabilidades posibles en contra, quiero pensar que en algún lugar del mundo existen algunas personas privilegiadas capaces de vivir algo semejante.

La sinergia aparece cuando las tres puertas pueden abrirse y coexistir dentro del mismo vínculo por ambas partes.

Eso es lo que, para mí, podría convertir un vínculo en un verdadero lugar seguro…

CUANDO APARECE EL NIÑO

Cuando aparece el niño interior junto con sus heridas y la otra persona logra reconocerlo, sabe que en ese instante quizá no está hablando solamente con la versión adulta que ve todos los días.

Está hablando con algo mucho más antiguo… Puede existir miedo, puede existir abandono, puede existir inseguridad, puede existir una memoria que acaba de despertar…

Y si sabes distinguirlo, comprendes que en ese momento quizá aquello que esa parte necesita es ternura, sentirse querida, sentirse cuidada, sentirse importante.

Es allí donde podría aparecer ese lugar seguro que tantas personas pasan la vida intentando encontrar.

CUANDO APARECE EL ADOLESCENTE

Después sale el adolescente buscando aventura, romance, erotismo, juego, locura, descubrimiento, deseo, sorpresa…

Esa puerta podría ser precisamente una de las que mantienen vivo un vínculo con el paso de los años. Porque quizá muchas relaciones no mueren porque desaparezca completamente el amor. Tal vez mueren porque un día encerraron al adolescente. La vida se convirtió solamente en facturas, obligaciones, trabajo, horarios, responsabilidades, compras, problemas…

Y poco a poco aquella versión que alguna vez quiso descubrir el mundo junto a esa persona dejó de salir.

Pero si ambos pueden liberar nuevamente esa parte, quizá aparezcan nuevas aventuras, nuevos lugares, nuevos juegos, nuevas conversaciones, nuevas formas de romance, nuevos descubrimientos dentro de la misma persona.

Quizá esta puerta sea una de las que más cerramos con el paso del tiempo.

Y paradójicamente podría ser una de las que algunas veces sostengan un vínculo.

CUANDO APARECEN LOS DOS ADULTOS

Finalmente está el adulto, aquí ocurre otra cosa…

El adulto necesita poder descansar sabiendo que enfrente existe otra persona capaz de enfrentar la realidad junto a él.

Cuando dos adultos pueden solucionar circunstancias, hablar, comunicarse, tomar decisiones, reconocer errores y gobernar sobre sus propios egos, aparece otra dimensión completamente diferente del vínculo.

Ya no hablamos solamente de sentir.

Hablamos de construir.

Porque incluso un vínculo lleno de romance puede destruirse si no existe capacidad para enfrentar la realidad… Hay decisiones, dinero, tiempo, familia, trabajo, proyectos, problemas, cambios, duelos, enfermedades, metas, cansancio…

Y allí no basta con que el niño se sienta amado o que el adolescente se sienta vivo.

Hace falta que los adultos puedan sentarse frente a la tormenta y decir: “Vamos a resolver esto.”

LA SINFONÍA DE LOS TRES YO

Entonces llego a esta idea.

Un vínculo extraordinario quizá no consiste en encontrar solamente a alguien que ame una versión de nosotros.

Consiste en encontrar un lugar donde puedan respirar las tres.

El niño necesita ternura.

El adolescente necesita libertad para soñar.

El adulto necesita construir.

Y quizá muchos conflictos nacen cuando una persona solamente acepta una puerta del otro.

Hay relaciones donde solamente se quiere al adulto: responsable, estable, productivo, racional. Pero el niño molesta. Y el adolescente parece ridículo.

Hay otras donde solamente interesa el adolescente: sexo, aventura, emoción, intensidad, diversión. Pero cuando llega el adulto queriendo construir, desaparece el interés.

También pueden existir relaciones donde solamente se alimenta al niño: dependencia, necesidad constante de consuelo, protección, miedo. Mientras el adolescente y el adulto permanecen olvidados.

Quizá ahí aparecen algunas de esas guerras extrañas donde dos personas aseguran amar al otro pero, en realidad, solamente toleran una fracción de quien tienen enfrente.

Aceptar una sola puerta no significa necesariamente haber conocido la casa completa.

Por eso comienzo a pensar que un verdadero lugar seguro podría ser aquel donde las tres puertas pueden abrirse.

Donde ninguna tiene que permanecer clausurada permanentemente.

Donde puedo ser adulto sin asesinar al adolescente.

Donde puedo ser vulnerable sin avergonzarme del niño.

Donde puedo jugar sin dejar de construir.

Donde puedo construir sin dejar de sentir.

Y, sobre todo, donde la otra persona también puede hacer exactamente lo mismo.

A eso quiero llamarlo:

LA SINFONÍA DE LOS TRES YO

Dos personas.

Seis puertas.

Dos niños.

Dos adolescentes.

Dos adultos.

Y un solo vínculo intentando aprender cuándo necesita hablar cada uno.

Quizá ahí exista una forma diferente de entender el amor.

No solamente:

“¿Me amas?”

Sino también:

“¿Cuál de tus puertas está abierta ahora?”

¿QUÉ PUERTA ESTÁ CERRADA EN TU RELACIÓN?

Si estás leyendo esto y tienes un vínculo con alguien que realmente amas, quizá puedas hacerte una pregunta.

¿Qué puertas puedes abrir frente a esa persona?

¿Puedes mostrarle tus heridas?

¿Puedes hacer el ridículo románticamente?

¿Puedes jugar?

¿Puedes hablar de aquello que te da miedo?

¿Puedes construir proyectos?

¿Puedes discutir un problema como adulto?

¿Puedes contarle una fantasía?

¿Puedes llorar?

¿Puedes reír como un adolescente?

¿Puedes admitir que una parte de ti todavía es un niño asustado?

Y quizá exista otra pregunta todavía más difícil:

¿Qué puerta de la persona que amas te cuesta aceptar?

Tal vez allí exista algo que todavía puedan descubrir juntos.

Quizá puedan preguntarse cómo lograr que esas tres partes puedan coexistir sin que una tenga que destruir a las otras.

Puede que esta sea una de las bases para convertir un vínculo en aquello que yo llamaría un lugar seguro.

O quizá todo esto no sea más que la percepción de un hombre que un día quiso convertirse en el “para siempre” de VENUS y descubrió que no alcanzó a ser suficiente para ella.

No lo sé.

Tal vez sea una utopía.

Pero incluso las utopías algunas veces sirven para mostrarnos hacia dónde queríamos caminar.

Así que vuelvo a hacer lo único que puedo hacer desde este Refugio.

Coloco esta idea dentro de una botella y la cierro.

Y la lanzo a este océano gigantesco lleno de personas intentando comprender algo sobre aquello que llamamos amor.

Tal vez llegue hasta alguien.

Tal vez exista una pareja al otro lado que todavía tenga tiempo de abrir una puerta antes de cerrarla para siempre.

Tal vez alguien descubra que aquello que interpretaba como inmadurez era simplemente un adolescente intentando volver a jugar.

Tal vez alguien comprenda que detrás de una reacción adulta existe un niño asustado.

Tal vez dos personas descubran que no necesitan escoger entre estabilidad y aventura, entre madurez y ternura, entre realidad y romance.

Tal vez puedan abrir las tres puertas.

Y quizá, solamente quizá, algún día consigan escuchar juntas esa extraña música que yo todavía quiero creer que puede existir…

LA SINFONÍA DE LOS TRES YO…

— EL CUERVO DE CORAZONES

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