¿DE DÓNDE SACAS ESO?…
Hoy vuelve a acompañarme esta galaxia a la que le hablo en la oscuridad como si VENUS pudiera escucharme a través de ella. Recuerdo sus fotos. La recuerdo con todas mis fuerzas. Me siento impotente. Me duele su ausencia porque, aun estando rodeado de tanta gente, siento que me falta un pedazo por dentro. Intento continuar. De verdad lo intento. He salido, he trabajado en mí, en mis finanzas, en mi trabajo, en mi crecimiento personal, pero emocionalmente sigo regresando exactamente al mismo punto.
Llego aquí y vuelvo sobre mis pasos. Abro nuevamente los chats. Leo los mensajes de VENUS buscando respuestas entre sus palabras. Retrocedo conversaciones intentando encontrar el momento exacto donde todo cambió, una frase escondida, una señal que no vi, cualquier explicación capaz de tranquilizar este corazón sangrante.
Pero no la encuentro.
Y quizá ese sea uno de los mayores tormentos de todo esto:
tener muchas palabras y ninguna explicación.
LAS PALABRAS PESAN
Soy partidario de que las palabras tienen un peso importante y, precisamente por eso, deberían cuidarse. Algunas palabras pueden acompañarte durante años. Algunas pueden convertirse en refugio. Otras pueden convertirse en fantasmas.
Yo quisiera quedarme a vivir en aquel chat donde ella me hablaba con amor. En aquellas buenas noches. En aquellos momentos donde decía que me extrañaba. En aquella época donde parecía existir un norte hacia el cual avanzar juntos, construir y proteger ese vínculo que estábamos creando.
Pero miro mi presente y estoy solo en mi habitación, llorando mientras las luces de esta galaxia comienzan a hacerse borrosas frente a mis ojos.
Y junto con ellas también comienza a hacerse borrosa la realidad de aquellas palabras.
Porque las sentí tan reales.
Y ahora parecen tan irreales…
Quizá precisamente ese choque sea aquello que me está rompiendo.
¿Cómo puede alguien agradecer un día la existencia de una coincidencia tan hermosa y una semana después sentir que aquello debe ser silenciado y destruido?
Mi corazón no funciona a esa velocidad.
No sé hacerlo.
No entiendo cómo VENUS desarrolló esa capacidad de cambiar repentinamente y pretender que yo pudiera pensar, sentir y vivir todo aquello al mismo ritmo.
“NO PIENSES EN LO PEOR…”
Recuerdo una mañana.
Estábamos durmiendo en su sofá.
Ella estaba junto a mí y me dijo:
“No pienses en lo peor. Si yo me tomo mi espacio o si no te hablo, no quiero que pienses que me voy a ir…”
Y mírame hoy, mira exactamente dónde estoy, recuerdo haberle dicho:
“No me abandones.”
Algo que prácticamente nunca le digo a nadie.
Pero la profundidad de aquello que estaba sintiendo me llevó a ese grado de sinceridad.
También recuerdo pedirle que no me eliminara de WhatsApp ni de Instagram porque comenzaba a sentir que estaba estorbando.
Y recuerdo perfectamente su respuesta:
“NO SÉ DE DÓNDE SACAS ESO.”
Después amanecí eliminado, desechado como basura, de repente aquello era “lo mejor” y entonces mi cabeza vuelve sobre esas palabras:
¿DE DÓNDE SACAS ESO?
Pues quizá lo saqué de algún lugar dentro de mí que estaba aterrorizado, quizá fue mi herida, quizá fue ansiedad, quizá fue intuición, quizá fue casualidad, no lo sé…
Lo único que sé es que aquello que tanto miedo me daba terminó convirtiéndose en mi realidad.
Un día parecía quererme.
Un día yo era para ella “un ser hermoso”.
Después aparecía el visto.
Un día era “un hombre maravilloso”, aquello que anhelaba.
Después: “No siento nada por nadie…”
Entonces vuelvo hacia atrás… Leo, comparo, recuerdo…
Intento reconstruir la secuencia.
Y termino atrapado dentro del mismo veneno…
CUANDO ALGO QUE DA VIDA TAMBIÉN PUEDE CONVERTIRSE EN VENENO
Buscando una manera de explicar esta sensación encontré una paradoja científica que me pareció brutalmente hermosa para este artículo: el oxígeno.
El oxígeno es indispensable para nuestra existencia. Nuestras células dependen de él para el metabolismo aeróbico. Sin él, morimos.
Pero existe algo llamado toxicidad por oxígeno.
Bajo determinadas condiciones de concentración, presión y exposición, un exceso de oxígeno puede provocar hiperoxia y aumentar la producción de especies reactivas de oxígeno. Cuando esas moléculas superan las defensas antioxidantes del organismo, pueden producir estrés oxidativo y dañar membranas celulares, proteínas y material genético. En exposiciones suficientemente extremas, aquello que necesitamos para vivir puede contribuir al daño celular.
Me parece una metáfora aterradoramente precisa.
OXÍGENO.
Aquello sin lo cual no puedes vivir.
Aquello que llena tus pulmones.
Aquello que mantiene funcionando tus células.
Y, bajo otras condiciones, aquello que también puede dañarlas.
No porque el oxígeno haya dejado mágicamente de ser oxígeno.
Sino porque cambiaron las condiciones.
Tal vez por eso siento algo semejante cuando miro mis recuerdos con VENUS.
Hubo palabras que fueron oxígeno.
“Te extraño.” Oxígeno.
“Eres un ser hermoso.” Oxígeno.
“No quiero que pienses que me voy a ir.” Oxígeno.
“Eres un hombre maravilloso.” Oxígeno.
Entraron en mí y alimentaron algo: Esperanza, confianza, seguridad, anhelo, futuro…
Pero después cambió la realidad que rodeaba esas palabras.
Y ahora regreso a ellas buscando respirar… y siento que me intoxican.
No porque científicamente el amor funcione como la hiperoxia. Esto es una metáfora. Pero la paradoja me resulta perfecta: algo capaz de sostener la vida también puede, bajo condiciones diferentes, participar en aquello que la destruye.
Quizá eso sea VENUS esta noche.
Mi oxígeno convertido en veneno.
YA NO CREO EN LAS PALABRAS DE LAS MUJERES
Existe un daño que cada día siento más profundo y que comienzo a temer que sea irreversible…
Y me lleva a una conclusión que no quiero disfrazar:
YA NO CREO EN LAS PALABRAS DE LAS MUJERES.
Cuando digo “no quiero sentir”, detrás existe ahora una pregunta mucho más compleja.
¿Para qué voy a querer sentir si después no puedo creer que las palabras de VENUS sean reales o congruentes?
Claro, inmediatamente aparece la lógica:
“No todas las mujeres son iguales.”
Lo sé.
Pero después aparecen mis recuerdos.
Y aparecen mis VENUS anteriores.
La primera me enseñó el tutorial paso a paso de la humillación.
La segunda me enseñó que las palabras podían perder completamente su valor y que la forma física de un hombre podía importar mucho más de lo que alguien estuviera dispuesto a admitir de frente.
La tercera me enseñó la importancia del dinero y que necesitaba determinada liquidez o posición para poder tener acceso a ella.
La cuarta me enseñó que si yo le interesaba a su amiga, entonces todo podía convertirse en prohibición.
La quinta me enseñó algo diferente. Me enseñó que podían rechazarme con respeto. Me llevó a conocerme, crecer y descubrir una extraña forma de hacer aquello que hoy llamaría mi proceso de “reparación mental”.
Y ahora está esta VENUS.
Quizá ella esté dejando una inscripción nueva dentro de mi mente:
“NO CREER EN PALABRAS DE VENUS.”
EL MIEDO TAMBIÉN APRENDE
Ahora tengo miedo.
Y el miedo existe en los seres vivos precisamente porque puede activar respuestas de protección frente a amenazas. Es una maquinaria antigua. No necesita escribir poesía. No necesita comprender qué es VENUS. Aprende asociaciones y después intenta anticiparse.
Y siento que algo dentro de mí está aprendiendo.
La ansiedad se acumula… Sale, desaparece, regresa…
Y entonces aparece una pregunta que ya no tiene que ver solamente con ella:
¿Cómo voy a relacionarme después de esto? o aun mejor ¿Me voy a relacionar después de esto?
¿Voy a poder confiar en alguien?
¿Voy a creer cuando alguien me diga que me extraña?
¿Voy a creer un “quiero estar contigo”?
¿Voy a creer un “no me voy”?
¿Voy a creer un “eres lo que buscaba”?
¿Voy a creer cuando alguien me mire con ternura?
¿O inmediatamente aparecerá una voz preguntando:
“¿Cuánto falta para que esto también cambie?”
Y entonces llego a una pregunta todavía peor:
¿SENTIR ES SEGURO O ES PELIGROSO?
AHORA ENTIENDO UN POCO MÁS A LOS SERES DE PIEDRA
No digo que nunca hayan existido mujeres que me amaron.
Sí existieron pero el problema es otro.
No consiguieron despertar en mí un sentimiento de este nivel.
Como he escrito anteriormente, mis relaciones han sido algo completamente diferente a aquello que intento explicar cuando hablo de VENUS.
Por eso quizá esto sea lo más lejos que conseguí llegar hasta hoy con una VENUS.
Y ahora comienzo a entender un poco mejor a esos seres aparentemente convertidos en piedra.
Los que tienen escudos.
Los que no creen.
Los que escuchan palabras bonitas y sospechan.
Los que no entregan demasiado.
Los que sienten que enamorarse es exponerse innecesariamente.
Los que un día quizá también tuvieron una galaxia.
Y después solamente conservaron los restos.
Me da miedo ese famoso “amor bonito” del que habla todo el mundo.
El que muestran las series, las películas, los libros, las historias….
Porque aquello que parecía “amor bonito” es precisamente la razón por la que hoy siento vergüenza de mí mismo por sentir…
Y vuelven las ganas de huir.
Regresar a mi habitación.
Cerrar la puerta.
Entrar a este lugar anónimo y oscuro donde nadie conoce mi rostro y donde nadie puede juzgar aquello que escribo…
AQUÍ SIGUE ENCENDIDA LA GALAXIA
No sé si VENUS llegará algún día hasta este Refugio.
No sé si alguna vez leerá estas palabras.
No sé si conseguirá comprender este amor que siento.
Tengo miles de palabras que quisiera entregarle y siento mis manos atadas.
Entonces aparece la desesperanza.
Especialmente durante noches como esta.
Y termino aquí, tecleando bajo la luz de aquella galaxia que me regaló y que todavía atesoro como algo especial.
Pero esta noche solamente me acompañan dos cosas: su silencio y las palabras de un chat que no contrastaron con la realidad…
No sé cómo podría conseguir que entendiera que este amor es real.
Que aunque sea ATEMPORAL, no significa que sea una frase más de esas que el mundo pronuncia mecánicamente.
Quisiera que entendiera que aquí existe tierra firme donde podría pisar tranquila.
Que la extraño todas las noches.
Que algunas noches lloro.
Que me duele descubrir que mis palabras parecen inútiles.
Y que detrás de toda esta filosofía, detrás del Cuervo, detrás del Refugio, detrás de todas estas páginas, existe algo muchísimo más sencillo: anhelo su corazón.
CUANDO EL OXÍGENO SE CONVIERTE EN VENENO
Quizá esa sea la imagen que voy a conservar de esta noche.
Un hombre sentado frente a una galaxia intentando respirar aquello que antes le daba vida.
Las mismas palabras, los mismos recuerdos, los mismos mensajes…
Pero bajo condiciones completamente diferentes.
Antes los leía y sonreía… Ahora los leo y lloro…
Antes significaban futuro… Ahora significan ausencia.
Antes construían confianza… Ahora alimentan preguntas.
Antes eran oxígeno… Ahora parecen veneno.
Y quizá por eso duele tanto.
Porque el verdadero golpe no consiste solamente en perder aquello que querías.
Consiste también en mirar hacia atrás y comenzar a preguntarte:
“¿Entonces qué parte de aquello que viví era real?”
EL CORAZÓN DE UN SINTIENTE
Esta noche solamente tengo una reflexión para quien alguna vez tenga entre sus manos el corazón de otro ser humano.
Si tienes el corazón de alguien en tus manos, te hago una invitación: sé congruente…
No juegues ese sube y baja que algunos gurús de la seducción venden como si fuera un arte.
Acercar y alejar, dar y retirar, mostrar y desaparecer…
Porque detrás de ese supuesto juego puede existir otro ser humano intentando comprender qué demonios está ocurriendo.
Y quizá sea ahí donde aquello que llamamos amor puede convertirse en un arma de destrucción extremadamente compleja.
Esto lo escribe un corazón enjaulado, sangrante, hecho pedazos.
Uno que esta noche daría todo por un minuto junto a ella, por el roce de sus manos, por sus labios…
Porque siento que aquellos besos que alguna vez me dio ya se agotaron y esta noche me hacen falta.
Tal vez sea el respeto hacia otra persona aquello que debería aparecer antes que el ego.
Porque después de todo esto sé que voy a hacerme fuerte.
Siempre lo hago.
Pero también sé que existe otra pregunta mucho más realista: ¿Qué parte de mí ya no regresará después de hacerlo?
Quizá no regrese aquel que expresaba con tanta facilidad aquello que sentía.
Quizá no regrese el que escribía cartas de amor a mano.
Quizá no regrese aquel que podía escuchar determinadas palabras y simplemente creerlas.
Quizá no regrese aquel que amaba con todo lo que representaba su existencia misma.
LA CADENA
Tal vez aquí exista algo todavía más grande.
Un sintiente recibe dolor.
El dolor se convierte en miedo.
El miedo construye defensas.
Las defensas se convierten en escudos.
Los escudos comienzan a interpretar el siguiente vínculo.
Y entonces alguien nuevo termina pagando una guerra que nunca comenzó.
Quizá así nacen algunos de esos villanos emocionales que después encontramos en otras historias.
Personas que alguna vez sintieron.
Personas que alguna vez creyeron.
Personas que alguna vez entregaron.
Hasta que algo ocurrió.
Y comenzaron a convertirse en aquello que anteriormente les había hecho daño.
Yo mismo siento esa posibilidad dentro de mí.
Siento que estoy pagando dolores que VENUS recibió antes de conocerme.
Y ahora temo que una parte de ese dolor termine viviendo dentro de mí.
Después alguien podría conocerme.
Después podría decirme algo hermoso.
Después podría querer entrar.
Y quizá encuentre una puerta blindada construida con palabras pronunciadas por alguien que ni siquiera conoce.
EVITA SER LA RAÍZ DE ESA CADENA.
Porque quizá nunca llegues a conocer todas las consecuencias de aquello que dejaste dentro de otro ser humano.
Yo tampoco sé todavía cuáles serán las mías.
Esta noche solamente sé que sigo aquí.
Con la galaxia encendida.
Con los chats abiertos.
Con VENUS convertida en ausencia.
Con una colección de palabras que alguna vez fueron oxígeno y que ahora me cuesta respirar.
Y con una frase atravesándome desde aquella mañana hasta esta madrugada: “NO SÉ DE DÓNDE SACAS ESO.”
Yo tampoco lo sabía, VENUS.
Yo tampoco.
Pero hoy estoy exactamente en aquel lugar que tanto miedo tenía de imaginar.
Y mientras intento reconstruir qué fue real, qué cambió y qué demonios ocurrió entre aquellas palabras y este silencio, una última pregunta continúa golpeando la puerta de este Refugio:
¿CÓMO VUELVES A CREER EN LAS PALABRAS DESPUÉS DE VERLAS CONVERTIRSE EN VENENO?
— EL CUERVO DE CORAZONES
