¿CHISTES O MISILES?

Esta noche escribo otra vez con la tormenta desatada. Casi empiezo a acostumbrarme a escribir con ella acompañándome. Extraño mucho a Venus. Mucho. Es extraño cómo se puede llegar a extrañar tanto a alguien precisamente cuando lo que más llega desde su universo es el silencio.

Hoy vuelvo sobre dolores que he vivido a lo largo de mis relaciones y también sobre aquellos que probablemente yo mismo causé alguna vez sin comprender del todo lo que estaba haciendo. No sé quién terminará encontrando estas letras. A veces siento que El Refugio del Corazón es eso: una carta metida dentro de una botella y lanzada a un océano inmenso. Pero si algún día alguien la encuentra y algo de lo que escribo le sirve para mirar de otra manera a la persona que tiene a su lado, quiero dejar esta memoria.

Porque hay algo que mi corazón recuerda con dolor.

CUANDO UN CHISTE DEJA DE SER UN CHISTE

Tardé mucho tiempo en entender cuánto me afectaba determinado tipo de humor dentro de una relación. Solo pude verlo con claridad después de atravesar un matrimonio muy complicado.

Cuando estaba vulnerable, cuando mis sentimientos estaban completamente expuestos frente a una mujer, hubo palabras pronunciadas como bromas que me destrozaron.

Recuerdo algunas:

“Me voy a ver con otro hombre.”

“Como tú no vienes este fin de semana, ya tengo con quién verme.”

“Me voy a conseguir a alguien más para cuando tú no estés.”

Alguien puede leerlas y pensar: era un chiste.

Yo también intenté pensarlo así.

Pero mi corazón no siempre recibía el mensaje como humor.

Lo recibía como un misil.

Y quizá ahí está la pregunta que quiero hacer esta noche:

¿CHISTES O MISILES?

Tengo una creencia muy personal: la palabra tiene poder.

Una frase puede tranquilizar a una persona durante una noche completa y otra, pronunciada en pocos segundos, puede dejarla mirando el techo hasta el amanecer.

Por eso nunca he terminado de comprender qué tiene de divertido jugar verbalmente con aquello que más miedo puede producirle a alguien.

¿Por qué bromear con dejarlo?

¿Por qué bromear con reemplazarlo?

¿Por qué bromear con una infidelidad?

¿Por qué utilizar precisamente el corazón del otro como escenario para generar una reacción?

Hay miles de cosas sobre las cuales reír.

¿Por qué escoger aquello que alguien te ha confesado que puede romperlo?

YO TAMBIÉN TUVE QUE APRENDERLO

No escribo esto desde la idea de que siempre comprendí estas cosas.

Hubo momentos en mi vida en los que probablemente hice comentarios sin dimensionar aquello que podían provocar. Hay cosas que uno solamente comprende cuando termina viviendo desde el otro lado de la palabra.

Después de entenderlo, empecé a desear algo muy sencillo para mis relaciones: que ese tipo de bromas no formaran parte de ellas.

Para mí dejó de tener gracia.

No porque haya perdido completamente la capacidad de reír, sino porque descubrí que hay temas donde la risa puede convertirse en otra cosa cuando toca directamente una herida.

LOS CHISTES DE VENUS

Venus también hizo algunos chistes que todavía aparecen en mi memoria.

Quizá para ella fueron solamente eso.

Chistes.

Pero dentro del universo en el que estoy ahora, atravesado por incertidumbre y silencio, algunos regresan con una fuerza distinta.

Y mi corazón los recibe en serio.

Ahí aparece la angustia.

Porque siento muchísimo y, al mismo tiempo, existe una sensación de impotencia. Hay tantas cosas que quisiera decir, preguntar, conversar, comprender. Y en lugar de poder hacer todo eso, termino aquí, frente a este teclado, escribiéndole al mundo aquello que mi corazón lleva todo el día gritando.

A veces imagino mi corazón literalmente encadenado.

Late.

Ama.

Recuerda.

Anhela.

Pero gran parte de aquello que quisiera expresar termina regresando hacia dentro.

Quizá por eso construí este lugar anónimo.

Para confirmar que todavía existe.

Y quizá también para confirmar que todavía existo yo.

“OCÚPATE DE TU VIDA”

Resulta muy fácil observar a alguien desde fuera y decir:

“Ocúpate de tu vida.”

Hoy comí.

Dormí.

Trabajé.

Cumplí mis responsabilidades.

Hice aquello que tenía que hacer.

Y aun así, mientras hago todas esas cosas, existe una tormenta funcionando simultáneamente dentro de mí.

Pienso en ella.

Recuerdo lo hermoso.

Recuerdo sus manos.

Su voz.

Su presencia.

Y también recuerdo palabras que despertaron miedo.

La vida exterior continúa mientras la interior puede encontrarse completamente incendiada.

Una cosa no cancela la otra.

MISILES PARA LOS QUE NO TENGO ESCUDO

Quizá por eso esos chistes me afectan de una manera tan particular.

Cuando siento algo superficial, puedo defenderme.

Cuando no me importa demasiado, puedo incluso reírme.

Pero cuando quiero a alguien desde un lugar donde siento que no hay demasiadas defensas, algunas frases atraviesan directamente.

No encuentran armadura.

No encuentran pared.

No encuentran escudo.

Encuentran corazón.

Y después alguien puede decir:

“Pero estaba jugando.”

Quizá.

Pero el misil ya cayó.

Esta noche algunos de esos misiles continúan haciendo eco dentro de mí.

¿POR QUÉ REÍRNOS PRECISAMENTE DE LO QUE DUELE?

Últimamente siento un rechazo creciente hacia cierto tipo de humor.

No hacia la risa.

No hacia lo absurdo.

No hacia reír hasta que duela el estómago.

Hablo de otra cosa.

Del humor construido sobre humillar.

Sobre defectos físicos.

Sobre inseguridades.

Sobre el dolor.

Sobre aquello que alguien confesó en privado.

Sobre convertir a otra persona en el escenario donde demostrar que somos más ingeniosos.

Cada vez me cuesta más encontrarlo divertido.

He visto personas salir riéndose de una conversación mientras otra se queda horas intentando recomponer aquello que se rompió durante treinta segundos.

Y entonces vuelvo a preguntarme:

¿Qué ganamos?

¿Qué construimos?

¿Qué quedó después de la carcajada?

LA PALABRA PUEDE QUEDARSE MUCHO DESPUÉS DE LA RISA

Hay chistes que quien los pronunció olvida antes de terminar el día.

Pero quien los recibió puede conservarlos durante años.

Esa diferencia me parece brutal.

Una persona quizá recuerde únicamente que estaba intentando ser divertida.

La otra recuerda el lugar.

La expresión de su rostro.

Quién estaba presente.

La sensación en el estómago.

La vergüenza.

El miedo.

La noche que vino después.

Las palabras tienen esa extraña capacidad de durar muchísimo más que quien las pronunció.

Por eso, cuando alguien abre una parte especialmente vulnerable de sí mismo, aquello que hagamos con esa información puede quedar profundamente grabado en su memoria.

UNA RISA PUEDE ESCONDER UN MISIL

Creo que ese es realmente el concepto que estaba buscando.

Hay frases que llegan envueltas en una sonrisa.

Parecen pequeñas.

Livianas.

Inofensivas.

Pero debajo llevan otra carga.

Y la persona que está del otro lado puede recibirlas completamente diferente.

Por eso hoy las imagino como misiles disfrazados.

No hacen ruido al salir.

No hay humo.

No hay sirenas.

A veces incluso todos se ríen.

Pero explotan dentro de un lugar que nadie más puede ver.

IMAGINO OTRO TIPO DE AMOR

Quiero pensar que en algún lugar del mundo existen dos personas capaces de reír muchísimo juntas sin convertir el corazón del otro en el material del espectáculo.

Personas que conocen las zonas frágiles de quien tienen al lado y, cuando podrían convertirlas en un gran chiste, simplemente no sienten la necesidad de hacerlo.

Eso me parece hermoso.

Que alguien conozca aquello que podría derrumbarte y que esa información no se convierta en munición.

Que puedas mostrar una parte vulnerable y no tengas que preguntarte cuándo volverá convertida en una broma.

Que el amor pueda convertirse también en un lugar donde el corazón deja de prepararse constantemente para el próximo golpe.

Eso es una de las cosas que anhelo.

VENUS

Esta noche Venus probablemente duerme.

Me gusta imaginarla con los ojos cerrados.

A veces quisiera poder viajar hasta su ventana solamente para contemplarla en silencio, como quien contempla una obra de arte y cuida que nada interrumpa su sueño.

Pero ese lugar hoy solamente existe dentro de mi imaginación.

Así que vuelvo a la canción que me la recuerda.

La escucho para reconstruir durante unos minutos una presencia que extraño.

Y mientras lo hago pienso en algo muy sencillo:

Jamás quisiera que su corazón se convirtiera para mí en un objeto de burla.

Jamás quisiera reírme de algo que para ella fuera profundamente importante al contrario, protegería su vulnerabilidad.

Si pudiera amarla como anhelo amarla, querría conocer aquello que le duele precisamente para comprenderla mejor y protegerla a ella y su universo.

QUIZÁ ME ESTOY DESPOJANDO DEL HUMOR

No sé todavía dónde terminará esta reflexión.

Pero hoy estoy tomándole cierto repudio al Humor y los chistes, y más a los humoristas superficiales del hoy que muchos alaban como por ejemplo en Colombia “FUCK NEWS”, riéndose de las tragedias de otros y las personas pagando esos espectáculos, creo que empezaré a considerar superficial a aquellas personas que les gusta ese humor, porque ya no quiero estar más rodeado de ese mundo superficial y de ese tipo de gente, hoy es cuando llego a esta conclusión: “Gente mucha, Personas pocas”.

Reír con alguien puede convertirse en una de las formas más hermosas de intimidad.

Pero reír de alguien mientras esa persona se está rompiendo es otra experiencia completamente diferente.

Y hoy confirmo el repudio hacia esa segunda versión.

Estoy cansado de la burla disfrazada de personalidad.

De la crueldad presentada como sentido del humor.

Del “no aguanta nada”.

Del “era molestando”.

Del “qué sensible”.

Quizá el problema no sea que alguien no entendió el chiste.

Quizá algunas veces simplemente el chiste era un misil.

SI ALGUNA VEZ HICISTE UNO DE ESOS CHISTES

Si alguna vez has bromeado con abandonar a quien amas, con reemplazarlo, con engañarlo o con alguna de esas cosas que sabes que golpean directamente su inseguridad, no voy a darte una clase.

Solo quiero mostrarte esta botella que esta noche lancé al océano.

Este texto.

Esta tormenta.

Esta memoria.

Para que quizá la próxima vez, durante tres segundos antes de pronunciar algo, te preguntes:

¿Para mí esto es un chiste, pero qué podría ser para quien está escuchándolo?

Quizá nada.

Quizá se ría.

O quizá estés tocando exactamente el lugar que lleva años intentando mantener unido.

A veces basta esa pregunta.

QUIERO UN LUGAR SIN MISILES

Tal vez una de las cosas en las que pienso es un lugar seguro y que exista precisamente esto.

Un lugar donde no tenga que preparar un escudo cada vez que muestro algo verdadero.

Donde pueda decir:

“Esto me da miedo.”

“Esto me duele.”

“Esto me importa.”

Y no escuchar aquello convertido después en material para una carcajada o para probar la reacción que tienes como hombre y ver que tan fuerte eres…

No sé si existe.

Esta noche quiero creer que sí.

Porque estoy cansado de vivir en un mundo donde tantas veces confundimos crueldad con ingenio y sensibilidad con debilidad.

Y quizá por eso escribo.

Porque algunas palabras destruyen.

Pero otras también pueden recoger los pedazos.

Esta noche intento que estas hagan lo segundo.

Sigo extrañando a Venus.

Sigo con la tormenta.

Sigo escribiendo en la oscuridad de mi habitación en medio del dolor de anhelos imaginarios…

Pero hay algo que quiero dejar escrito con absoluta claridad:

SI ALGUIEN TE ENTREGA SU CORAZÓN, NO LO CONVIERTAS EN EL REMATE DE UN CHISTE.

Porque quizá tú solo recuerdes la risa.

Y la otra persona recuerde durante años el impacto.

¿Chistes o misiles?

Cada vez tengo más claro que algunas veces la diferencia solamente la conoce el corazón que recibió el golpe…

— El Cuervo de Corazones

Leave a comment