CASTIGO A UN SENTIMIENTO…
Hace algunos días que no escribo. No he tenido ni siquiera fuerzas para expresarme. He tenido que fingir que trabajo, levantarme, intentar comer aunque realmente no tenga muchas ganas de hacerlo, continuar con mi día a día mientras cargo un nudo permanente en la garganta. Siento que cada día mi corazón sangra un poco más y esta noche necesito escribir porque siento que no puedo más. Necesito expresarlo. Necesito dejarlo en algún lugar. No sé si VENUS algún día leerá estas palabras. No sé si alguna vez sabrá qué ocurrió dentro de mí durante estos días.
Existe una lógica dentro de mí. Existe un adulto haciendo fuerza para impedir que termine de destruir la poca fe y bondad que todavía me queda sobre los seres humanos y sobre el amor. Pero esta noche ese adulto está cansado. Muy cansado.
Duele descubrir que algunas veces dar lo mejor de ti parece no significar absolutamente nada. Durante años trabajé en mí, intenté conocerme, reconocer mis errores, enmendarlos, pagar mis karmas, tener bondad, ser transparente y, quizá lo más difícil para mí, volver a creer. Creer siempre ha sido complicado. Y justamente cuando decidí hacerlo nuevamente apareció VENUS.
Recuerdo tantos momentos hermosos que elegí vivir al 100 % junto a ella. Cuando mi corazón despierta de esa manera no sé escatimar. No pienso en cuánto debería entregar ni calculo cada gesto como una inversión. Simplemente quiero entregar aquello que siento. Pero esta noche, mientras el sueño no llega, tengo que dejar también memoria de la otra cara de aquello.
Porque hoy veo el amor como un campo de batalla donde algunos, por más fuertes que intentemos ser, terminamos perdiendo.
Y esta noche…me siento perdido. Mucho…
ME DA VERGÜENZA MI PROPIA FORMA DE AMAR
Me siento avergonzado. Ridículo. No sé qué pasa conmigo. Me pregunto por qué querer sorprender, dar o intentar robar una sonrisa puede terminar sintiéndose como algo que debo lamentar. Recuerdo los regalos entregados con anhelo. Recuerdo esa sensación casi infantil de imaginar una sonrisa antes de entregar algo. Recuerdo lo caro que emocionalmente terminó saliéndome.
Hubo un día en que intenté sorprender a VENUS enviándole un regalo. Lo que para mí nació como una manera de robarle una sonrisa terminó seguido por varios días sin hablarme. Y allí algo dentro de mí no supo qué hacer con la contradicción.
¿Cómo algo que nació desde un lugar tan puro dentro de mí terminó convirtiéndose en castigo?
Hay algo que me cuesta admitir porque todavía me produce vergüenza: sufro de apego ansioso. Tengo muy latente la herida del abandono y por eso demostrar lo que siento puede convertirse para mí en una batalla gigantesca. Existe una parte que quiere entregar y otra que siente pánico de aquello que puede ocurrir después de hacerlo.
Y todavía estoy buscando respuestas.
Porque llega un momento donde comienzo a preguntarme si aquello que hago está mal. Si mi forma de amar es ridícula. Si es defectuosa. Si debería sellarla para no volver a hacer el ridículo.
¿POR QUÉ ENTREGAR ALGO PURO TERMINA SINTIÉNDOSE COMO UN CASTIGO?
Esa pregunta me atraviesa esta madrugada.
No tengo derecho a sentir. No tengo derecho a reclamar. No tengo derecho a llamar. No tengo derecho a saber de ella. No tengo derecho a saber si está bien.
Entonces comienzo a preguntarme si el amor es una estafa.
O quizá fue mi propio corazón el que me estafó al despertar una forma de sentir que ahora ya no sé como contener…
Cada día de silencio me tortura. Cada día mi cabeza intenta llenar los espacios que no conoce. Y aparecen escenarios, interpretaciones, preguntas, posibilidades. Universos enteros construidos para intentar explicar aquello que no entiendo.
Qué contradicción tan absurda.
SENTIR UN AMOR TAN REAL PUEDE HACERME CREAR SUEÑOS TAN IRREALES.
¿Entonces cómo hago?
¿Cómo se abandona la realidad y se entra a vivir dentro de aquello que el corazón anhela?
¿Cómo se apaga el deseo de proteger y cuidar a alguien, si eso que dicen es tan bueno bonito y puro?
¿Cómo se borra aquello late todos los días dentro de mí?
DOS VERSIONES DE MÍ
Últimamente pienso que existen dos versiones de mí.
Una sabe vivir como vive el mundo. Puede compartir con alguien, tener compañía, disfrutar buenos momentos, construir experiencias agradables y continuar. Puede relacionarse sin que las profundidades del corazón despierten completamente.
Esa versión sabe sobrevivir.
Pero existe otra.
La auténtica.
La que no aparece porque yo la llame.
Despierta.
Y cuando despierta quiere escribir cartas, entregar regalos, sorprender, cuidar, escuchar, construir, imaginar, tocar unas manos, besar, conocer un mundo, crear símbolos y convertir pequeños momentos en eternidades.
Esa versión no sabe amar a medias.
Y extrañamente parece ser siempre la pieza de sacrificio.
Es también la versión que otros juzgan.
La que llaman intensa.
La que llaman dramática.
La que intentan explicar con calendarios.
La que termina preguntándose si debería avergonzarse de existir.
Y es precisamente esa versión la que construyó este Refugio.
ESTA NOCHE NO TENGO UNA SOLUCIÓN
He escrito propuestas.
He intentado construir ideas que quizá puedan servirles a otras personas para comprenderse mejor. He escrito sobre heridas, lenguajes, enamoramiento, vulnerabilidad, ventaja emocional, rutina, ego, construcción y sobre tantas cosas que habría querido experimentar junto a VENUS.
Si alguien tiene la fortuna de poder vivirlas con la persona que ama, ojalá alguna de estas páginas pueda entregarle una idea.
Pero hoy no tengo una solución.
Hoy solamente tengo un cuarto con la luz apagada.
La luz del ordenador.
Mis lágrimas.
Y una sensación de vergüenza que ni siquiera sé explicar completamente.
Tal vez sea mi niño interior herido.
Tal vez sea aquel niño sintiéndose nuevamente ridículo, culpable por haber querido algo, preguntándose qué hizo mal.
No sé.
Esta noche ni siquiera sé describir exactamente cómo me siento.
SUS PALABRAS FUERON BALAS
No sé qué ocurre dentro de la cabeza de VENUS.
Pero algunas de sus palabras fueron balas.
Misiles.
Palabras capaces de quedarse repitiéndose dentro de la memoria mucho después de haber sido pronunciadas.
Y mientras esas palabras regresan aparece una pregunta que me destruye:
¿Para qué sirve todo este amor que siento?
¿Para qué existe?
¿Cuál es el significado de que aparezca dentro de mí?
¿Qué lo hace despertar?
¿Por qué VENUS?
¿Por qué ella?
¿Por qué ahora?
¿Y cómo puedo sellarlo para que no vuelva a aparecer nunca más?
Porque tengo miedo.
Tengo ira.
Tengo dolor.
Y lucho por no desquitarme conmigo mismo.
Siento que estoy llegando al borde de aquello que emocionalmente puedo contener y ya no sé cómo sostener todo esto dentro de mí.
ESTA VEZ PREFIERO VIVIRLO SOLO
Ya casi no hablo con nadie de esto.
Puedo imaginar las respuestas antes de escucharlas.
“Es un capricho.”
“Te entregaste demasiado rápido.”
“Te ilusionaste.”
“Ya se te pasará.”
Como si el corazón hubiera firmado un contrato con un calendario.
Esta vez prefiero vivirlo solo.
Al menos nadie me juzgará.
Al menos puedo vivir mi ridiculez dentro de mi oscuridad y mis cuatro paredes.
Al menos yo puedo convertirme en refugio para mis propias lágrimas.
Aquí puedo decirlo.
Aquí puedo escribirlo.
Aquí puedo confesar:
ESTE SENTIMIENTO EXISTE Y ME CONSUME.
Me cuesta concentrarme. Me pregunto por qué crear promesas, por qué pronunciar determinadas palabras, por qué algo tan sencillo como un regalo puede despertar defensas y levantar un escudo gigantesco.
Su veneno me mata.
Mis átomos me avisan.
La ansiedad rompe mi corazón.
Y el silencio se convierte en una tortura porque obliga a mi cabeza a completar una historia de la cual solamente conoce fragmentos.
EL SILENCIO NO DETIENE LA HISTORIA: LA MULTIPLICA
Cuando no existe una respuesta, mi cabeza fabrica cien.
Tal vez ocurrió esto.
Tal vez aquello.
Tal vez nunca significó nada.
Tal vez existe alguien más.
Tal vez dijo aquello porque…
Tal vez hizo esto porque…
Tal vez…
Tal vez…
Tal vez…
Y cada “tal vez” abre un universo paralelo donde tengo que sufrir nuevamente.
Por eso el silencio no siempre consigue silencio dentro de quien queda del otro lado.
En mí produce exactamente lo contrario.
Produce ruido.
Muchísimo ruido.
Y no sé si voy a sanar de esto. No sé por qué sentirme abandonado por ella duele tanto. Cada día estoy más irascible. Cada vez tengo menos ganas de hablar con alguien. Cada vez me cuesta más creer en la palabra de las personas.
¿ENTONCES QUÉ SIGNIFICABAN LAS PALABRAS?
Esa pregunta también me persigue.
Si alguien dice que quiere una persona que la entienda, que la tome en serio, que le ofrezca estabilidad… ¿Qué ocurre cuando alguien intenta precisamente entregar eso y todo termina de esta manera?
¿Cómo entiendo eso?
¿Cómo entiendo a las mujeres?
¿Cómo entiendo a VENUS?
¿Cómo entiendo siquiera aquello que ocurrió?
No niego que anteriormente he estado del otro lado. He sido quien no siente lo mismo. He sido quien no quiere continuar una historia. Conozco también esa posición, a diferencia que he sido claro en decir y expresar desde un inicio lo que siento o tener la sensatez de evitar la mayor cantidad de dolor a la contraparte siendo honesto y franco en lo que digo.
Pero esta madrugada escribo desde este lado.
Desde el hombre que permanece en la habitación preguntándose qué significó aquello que escuchó.
Y quizá por eso últimamente siento que alguien nuevo está llegando a acompañarme.
Una amiga extraña.
Oscura.
Silenciosa.
La llamaré:
DESESPERANZA.
Al menos existe una lógica brutal en ella.
Si ya perdiste, no puedes volver a perder.
¿No?
HOY NO TENGO UNA GRAN REFLEXIÓN
Perdón si llegaste esperando que después de todo esto apareciera una respuesta brillante.
No la tengo.
No entiendo por qué esto pasa.
No entiendo por qué VENUS actúa de esta forma.
Quisiera tenerla en un lugar donde pudiera lograr que no le hicieran daño. Quisiera cuidarla. Amarla. Tenerla cerca. Quisiera que aquello que siento pudiera convertirse en algo hermoso en vez de esta contradicción.
Pero sus elecciones parecen caminar hacia otro lugar.
Y yo tengo que observarlas desde aquí.
A veces pienso que todo esto está despertando una versión avanzada de aquel adolescente que un día aprendió a protegerse mediante la defensa, la ira, el odio y todas aquellas fuerzas que terminaron alterando mi concepto del altruismo, de la religión y de mí mismo.
Quizá aquel adolescente todavía vive dentro.
Y está comenzando a golpear nuevamente la puerta.
EL AMOR ES UNA GUERRA A LA QUE MI CORAZÓN VA SIN AVISARME
Yo no decidí una mañana:
“Hoy voy a enamorarme.”
Mi corazón simplemente despertó.
Y cuando despertó ya estaba caminando hacia el campo de batalla.
No pidió permiso.
No preguntó si era conveniente.
No revisó probabilidades.
No consultó estrategias.
Fue.
Y la carta que VENUS parece haberme entregado durante estas últimas semanas tiene un nombre:
DOLOR.
Un dolor multiplicado por seis.
Sé exactamente por qué escribo ese número.
Sé lo que significa para mí.
Y por ahora quiero dejarlo así.
¿ENTONCES DAR ESTÁ MAL?
Ya no sé.
No sé si dar un regalo pensando solamente en robar una sonrisa es malo.
No sé si escribir cartas a mano es ridículo.
No sé si querer cuidar y proteger a alguien con mi vida es bueno.
No sé si expresar aquello que siento con transparencia está bien.
No sé si mostrar todo eso hace daño.
No sé.
Y me destruye mirar alrededor y observar que en otras personas esas mismas cosas parecen funcionar. Hay personas que reciben cartas y sonríen. Personas que reciben regalos y se emocionan. Personas que se toman de las manos. Personas que se dicen palabras hermosas. Personas que construyen exactamente aquello que yo soñaba construir.
Entonces mi niño interior pregunta:
“¿Por qué cuando yo lo hago parece estar mal?”
Y no sé qué responderle.
Por eso llora hoy.
EL NIÑO LLORA. EL ADOLESCENTE QUIERE ENCERRARSE.
El niño no entiende.
Solamente sabe que quería entregar algo bonito.
El adolescente, en cambio, conoce esta historia.
Él recuerda.
Y su reacción es diferente.
Quiere cerrar la puerta.
Apagar las luces.
Levantar nuevamente los muros.
Decirme:
“Te lo dije.”
Tal vez el amor real y correspondido por ambas partes sea un lugar al que nunca fui invitado.
Tal vez intentar entrar sea precisamente aquello que me hace sentir ridículo.
Tal vez solamente se me permitió probar durante un instante aquello que podría sentirse para después retirarlo.
No sé si tengo fuerza suficiente para vivirlo.
Me esfuerzo.
Intento ser suficiente.
Intento dar lo mejor.
Intento aprender.
Intento corregir.
Intento construir.
Y aun así siento que nunca llego a esa forma perfecta que aparentemente tendría que ser.
Ya me cansé.
Estoy cansado.
ME RINDO.
Esta noche sí.
Me rindo.
QUISIERA SELLAR MI CORAZÓN
Quisiera disolver los anhelos.
Vaciar el inventario de palabras bonitas que todavía guardo.
Acabar con el deseo de escribir carta.
Borrar de mis oídos las canciones que quisiera regalarle y aquellas que todavía me recuerdan a ella.
Congelar el deseo de besarla.
Olvidar la sensación imaginada de tomar sus manos.
Destruir los futuros que mi corazón anheló al verla sonreír.
Quisiera poder tomar todo aquello, colocarlo dentro de una caja, cerrarla y arrojar la llave a algún lugar donde nunca pueda recuperarla.
Porque son sentimientos demasiado reales dentro de mí para una realidad donde parecen no tener lugar.
Y cuando aquello que sientes profundamente es subestimado, comienza a aparecer una sensación terrible:
VERGÜENZA DE SENTIR.
Vergüenza de que exista.
Vergüenza de admitirlo.
Vergüenza de seguir deseando.
Vergüenza de no poder apagarlo con un interruptor.
VENUS SE CONVIRTIÓ EN PROHIBICIÓN
Y esa palabra me destruye.
PROHIBICIÓN.
Aquello que mi corazón desea se convirtió precisamente en aquello hacia donde ya no puede caminar.
Esa contradicción es insoportable.
El corazón dice:
“Quiero.”
La realidad responde:
“No.”
El corazón recuerda.
La realidad niega.
El corazón construye.
La realidad destruye.
El corazón conserva aquella pequeña eternidad.
La realidad continúa avanzando.
Y mientras tanto el mundo puede mirar desde afuera y decir:
“Eres un iluso.”
No sé cómo recuperarme de esto esta vez.
Siento que cada golpe está llegando más profundo que el anterior.
CASTIGO A UN SENTIMIENTO
Y entonces comprendo por qué necesitaba llamar así a este artículo.
Porque esta madrugada no siento que esté siendo castigado por una acción.
Siento que estoy siendo castigado por un sentimiento.
Por extrañar.
Por anhelar.
Por querer cuidar.
Por querer sorprender.
Por haber escrito.
Por haber entregado.
Por recordar.
Por el hecho de que despertara aquella versión de mí que llevaba tanto tiempo dormida.
El delito parece haber sido sentir.
Y la condena: tener que seguir sintiendo aquello que ya no puedo vivir.
ESTA MADRUGADA NO VOY A RESOLVERLO
No sé en qué terminará todo esto.
No sé qué versión de mí saldrá después.
No sé si mi corazón continuará golpeando los barrotes.
No sé si finalmente se cansará.
No sé si la desesperanza terminará sentándose definitivamente a mi lado.
Esta noche no quiero fabricar una conclusión hermosa.
No existe.
Esta noche voy a vivir mi caos.
Voy a permitir que esta madrugada sea exactamente aquello que es.
Oscura.
Dolorosa.
Confusa.
Voy a acostarme acompañado por la desesperanza mientras mi estúpido corazón continúa anhelando y recordando cosas que probablemente no ocurrirán.
Y mientras mi mente intenta hacer fuerza, la realidad continúa susurrándome algo que duele muchísimo: quizá aquello que tanto deseabas te es negado.
SI ERES MUJER Y LLEGASTE HASTA AQUÍ
Quiero dejarte solamente una cosa.
Existimos hombres que sentimos.
Hombres que algunas veces respondemos:
“No pasa nada.”
“Estoy bien.”
Y no estamos bien.
También tenemos un corazón.
También podemos pasar noches mirando el techo.
También podemos perder el apetito.
También podemos tener un nudo en la garganta mientras fingimos trabajar.
También podemos encerrarnos en un cuarto para que nadie vea las lágrimas.
También podemos recordar una caricia durante meses.
También podemos escuchar una canción y sentir que algo se rompe.
También podemos querer una respuesta.
A veces necesitamos un poco de misericordia.
A veces necesitamos que alguien nos diga la verdad para poder sufrir en paz.
Porque el silencio deja espacios vacíos.
Y algunos corazones llenan esos espacios con cientos de posibilidades.
Una conversación puede significar muchísimo para alguien que lleva días intentando comprender.
Si tienes frente a ti a un hombre que te quiere y para ti esa historia terminó, recuerda que quizá detrás de su aparente tranquilidad existe un corazón intentando comprender qué ocurrió.
Tal vez una palabra no cueste nada.
Tal vez una conversación pueda hacer mucho.
Tal vez algún corazón silencioso algún día lo agradezca.
Y SI ERES HOMBRE…
Si estás atravesando algo parecido, si alguna vez te encerraste para llorar aquello que delante de otros fingías soportar, si alguna vez sentiste vergüenza porque alguien consiguió hacerte creer que tu manera de sentir era ridícula, quiero dejarte algo desde esta habitación.
No tengo una solución para entregarte esta madrugada.
Tengo solamente compañía.
Porque yo también estoy aquí.
También estoy intentando entender.
También estoy cansado.
También tengo miedo.
También estoy mirando recuerdos que quisiera volver a vivir.
También estoy intentando descubrir qué hacer con un corazón que continúa queriendo aquello que la realidad convirtió en prohibición.
Y si eres mujer y estás viviendo este mismo dolor, estas palabras también pueden encontrarte.
Porque quizá no importa quién seas.
Quizá esta madrugada existen muchas habitaciones oscuras alrededor del mundo con alguien preguntándose exactamente lo mismo:
¿Qué hago con todo este sentimiento si ya no existe ningún lugar a donde pertenece?
No conozco tu nombre.
No conozco tu historia.
Pero si encontraste estas palabras en medio de una madrugada semejante, al menos ahora sabes algo.
En algún lugar del mundo hubo también un Cuervo sentado frente a la luz de un ordenador, intentando sobrevivir a sus propios pensamientos mientras dejaba una memoria de que ese sentimiento existió.
Esta noche no tengo respuestas.
Solamente tengo dolor.
Solamente tengo memoria.
Solamente tengo palabras.
Y un corazón que todavía no entiende por qué aquello que nació queriendo entregar una sonrisa terminó sintiéndose como una condena.
Quizá mañana vuelva a buscar respuestas.
Esta noche no puedo.
Esta noche solamente puedo escribir.
— EL CUERVO DE CORAZONES
