DESESPERANZA…
Ya no sé ni cómo empezar a escribir. Esta noche existe dentro de mí un grito de dolor que no había sentido jamás. Es la sensación de sentirse ajeno, de no poder calmar este tonto corazón y de escuchar a un niño dentro de mí que no hace más que anhelar un lugar al que no pertenece. El amanecer, como escribí anoche, no frenó aquella INYECCIÓN DE DOLOR. Por el contrario, parece haberla prolongado. Casi pareciera que todo tuviera un propósito: alejarme, mostrarme una y otra vez que no pertenezco a ese lugar, obligarme a comprender algo que racionalmente ya tengo claro.
Ya lo sé. Ya entendí que aquellas palabras de amor que alguna vez despertaron algo dentro de mí pertenecen a otro tiempo. Ya entendí que todo esto debe destruirse. El problema es que hacia adentro no encuentro un interruptor capaz de destruirlo. No existe un botón que pueda presionar para ordenar que un sentimiento deje de existir solamente porque la realidad decidió que ya no tiene lugar.
Hoy quiero hablar de TRANSMUTACIÓN.
En otros escritos hablé de un porcentaje diminuto de esperanza. Llegué a escribir sobre un 0.3%. Después quedó un 0.1%. Era prácticamente nada, pero todavía existía algo. Una partícula microscópica que mi corazón se negaba a entregar.
Hoy es 0%.
Finalmente se agotó.
¿QUÉ OCURRE CUANDO TODO SE CONVIERTE EN SU CONTRARIO?
Ahora lo que más deseo es transmutar este amor tan puro hacia su contrario. Me pregunto qué sucede cuando aquello que alguna vez produjo luz comienza a producir oscuridad. Cuando las mariposas se convierten en gusanos. Cuando las palabras hermosas producen miedo. Cuando querer acercarse se transforma en querer huir. Cuando la confianza se convierte en sospecha. Cuando la ternura comienza a fabricar escudos. Cuando aquello que alguna vez hizo sonreír termina destruyendo las ganas de sonreír.
Mis sonrisas se acabaron. Ya no me nace sonreírle a las personas. Incluso he comenzado a descubrir que me defiendo casi por reflejo. No lo planeo. Simplemente ocurre. Esa sensación de sentirme ridículo está empezando a trasladarse hacia otros aspectos de mi vida, como si la herida hubiera dejado de pertenecer exclusivamente al amor y estuviera aprendiendo a caminar por el resto de mí.
Mientras todo esto sucede estoy creando un proyecto grande, ambicioso. Creo que puede llevarme hacia cierto objetivo del que quizá hablaré en el futuro. Son objetivos creados en la oscuridad de la noche, tejidos en dolor, refinados con el sentir de las heridas y fortalecidos en la defensa frente a un mundo que cada día percibo más hostil. Quizá algunas cosas extraordinarias también puedan construirse desde lugares terriblemente oscuros.
Hoy leía algo sobre personas buenas a las que después dañan, y pensé en un electrodoméstico que alguna vez funcionó perfectamente hasta que algo dentro hizo cortocircuito. Empiezo a sentir que este amor funciona así. Que está defectuoso. Que se venció. Que está pasado de moda. Que esta forma de amar se está pudriendo cada día un poco más hasta convertirse en algo nocivo.
SOY TIERRA QUEMADA.
NO QUIERO MÁS CONSEJOS
Estoy cansado. Pero cansado de verdad. Por más que intento expresar esto con algunas personas que me rodean, terminan diciéndome cosas que me producen todavía más dolor. Mi sensibilidad parece haberse convertido en algo extremo. A veces me pregunto si existe alguien en algún lugar del mundo capaz de percibir un dolor de esta manera, con esta sensibilidad que convierte cada palabra, cada ausencia, cada recuerdo y cada pequeño acontecimiento en algo gigantesco.
El mundo es como es, pero cada día me siento más solo dentro de él. Claro que existen personas que me quieren. Lo sé. Pero siento que me hablan desde sus mentes. No siento que puedan entrar hasta este lugar y hablarme desde aquello que mi corazón está intentando decir.
No quiero consejos.
Ya me cansé de los consejos.
No me sirven para nada ahora. No necesito un psicoterapeuta. No voy a ir a nada de eso. Lo único que anhelaba durante todo el día era que llegara esta hora de la noche para poder derrumbarme tranquilamente conmigo mismo dentro de mi propio Refugio.
Este lugar es mío.
Aquí puedo llorar tranquilo. Aquí puedo ser yo. Aquí puedo lamentar esta manera tan profundamente defectuosa de sentir. Pueden ser heridas de infancia, pueden ser traumas, puede ser lo que sea. Afuera existen personas a las que intento sostener y creo que debo hacerlo. Pero aquí puedo dejar salir a flote este corazón ridículo y permitirle arrepentirse de sentir, de amar, incluso de existir de la manera en que existe.
Aunque quizá quien se arrepiente realmente sea mi mente racional.
Porque mi corazón no parece entender absolutamente nada.
Mi corazón solamente sufre.
FUNCIONAR MIENTRAS ALGO SE DERRUMBA
Quisiera quedarme todo el día en la cama. Dormir. Escuchar música. Tal vez escuchar una narración sobre cualquier cosa neutra que consiga sacarme durante algunos minutos de todo esto. Pero estoy concentrándome en ser “funcional”. Trabajar. Hacer. Resolver. Continuar.
Solo que cada día resulta un poco más difícil.
La razón por la que construí este Último Bastión del Corazón parece tambalear. Hoy siento que estoy tocando el borde de empezar a convertirme en piedra y, extrañamente, incluso eso me duele. Es horriblemente ridículo tener que prohibirme sentir porque anhelo algo imposible. Sentirme una mala persona por anhelar. Pensar que aquello que siento es ridículo, prohibido, equivocado.
¿Cómo explicarle a mi corazón que el hielo de VENUS es dañino?
¿Cómo se le explica algo a aquello que no habla el idioma de la lógica?
UN MENSAJE
Hoy apareció en mi teléfono alguien muy cercano a VENUS. Fue extraño. Casi como si de alguna manera supiera cómo estoy. Fue tan amable que terminó disparando en mí un ataque de ansiedad. Parece predecible: recibo misiles y después intento esconder este sentimiento ridículo que no tiene lugar ni existencia afuera, pero de alguna manera siento que alguien termina descubriendo que estoy como estoy.
Respondí. La conversación fue amable. Obviamente evadí responder aquella pregunta que ahora parece haberse convertido en una de las más difíciles que alguien puede hacerme:
¿CÓMO ESTÁS?
Llevé una buena conversación y, en medio de todo, fue hermoso saber que todavía soy recordado por una persona cercana a VENUS. Quizá ese pequeño hecho sea algo a lo que pueda aferrarme esta noche. No como una esperanza de aquello que ya llegó al 0%, sino simplemente como un pequeño gesto humano que consiguió atravesar durante unos minutos todo este ruido.
Tenía todo esto guardado. Anhelaba que llegara esta hora para poder escribirlo. Ahora estoy ahogado en llanto. No puedo gritar, pero mi grito está apareciendo a través de estas letras.
Este es el grito de un corazón ultrasensible y humano que, en algún lugar del mundo, dentro de una habitación, solamente anhela un abrazo sin juicios. Un lugar donde no tenga que ser fuerte. Porque algunas veces no quiero serlo. Algunas veces solamente quisiera que alguien dijera que también entiende esto y dejar de sentir el juicio sobre aquello que siento.
Por eso huyo de los juicios.
Por eso ya no pregunto.
Por eso no quiero consejos.
Esta noche solamente quiero existir aquí.
EL ABRAZO QUE ME DOY YO
Esa persona que se tomó la molestia de preguntarme cómo estaba consiguió algo extraño sin saberlo. Sentí que por un instante alguien había pensado en cómo podía estar sintiéndome sin intentar cambiar aquello que soy. Tal vez habría aparecido algún consejo si hubiera respondido completamente, pero evadí la respuesta, devolví preguntas y protegí aquello que realmente había detrás de ese sencillo “¿cómo estás?”
En el fondo siento que ella sabe o intuye de alguna manera el dolor por el que estoy pasando. No sé por qué vine a este mundo con esta manera de amar, de sentir y con un corazón tan tonto. Hoy me dijeron: “Es que tu corazón no sabe elegir. Debes ser inteligente para elegir.” Pero hace algunos escritos dejé precisamente un artículo sobre VENUS y aquello que conseguí comprender acerca de lo que esa palabra significa para mí.
También estoy organizando mis finanzas para realizar mi diagnóstico porque cada vez sospecho más que soy neurodivergente. Quisiera saber si existe alguna pieza allí que me ayude a comprender esta manera de procesar las cosas. Porque el mundo insiste en presentarme todo como si fuera extremadamente sencillo, cuando para mí no lo es.
Por eso esta noche el abrazo me lo doy yo.
Mi terapia me la da mi Refugio en mí mismo. Mi consuelo me lo dan aquellos pequeños acontecimientos a los que todavía puedo aferrarme, como el mensaje que recibí hoy. Porque mi corazón comienza a parecerse cada vez más a un erizo o quizá a un volcán: algo extremadamente frágil por dentro que empieza a convencerse de que necesita defenderse de todo aquello que existe afuera.
TAL VEZ SOY EL INMADURO
Soy un ser inmaduro.
Tal vez mi verdadero ser termine residiendo cada vez más aquí, dentro de estas letras. Quizá este sea el único lugar donde pueda conservar su verdadera forma, donde pueda expresar aquello que realmente siente y aquello que realmente es.
Una persona cargando con un corazón tonto que debe permanecer enjaulado.
Un corazón al que quizá tendré que enseñarle que, cuando vuelva a sentir, debe correr en sentido contrario porque sentir significa peligro. Tal vez ese mundo ideal tenga que permanecer exclusivamente dentro de mi mente. Tal vez mi ridícula manera de sentir deba quedarse exactamente allí: encerrada en un lugar donde nadie pueda reírse de ella, donde nadie pueda juzgarla, donde nadie pueda revivir sus heridas.
Donde nadie pueda dañarla.
HOY NI SIQUIERA ENCENDÍ LA GALAXIA
Es ridículo. De verdad es tan ridículo aquello que siento que hoy ni siquiera fui capaz de encender la galaxia.
Estoy tan roto y me siento tan culpable por sentir esto que ni siquiera me siento digno de hablarle. Yo puedo hablar racionalmente con otras personas sobre el merecimiento, pero esta noche no me siento merecedor. No me siento digno ni siquiera de hablarle a esa galaxia silenciosa.
La existencia de este sentimiento se siente prohibida.
Ridícula.
Absurda.
Y cargar con ella se vuelve cada día más difícil.
Tal vez necesite símbolos que me ayuden a sobrevivir a esta transformación. Hoy volvió uno a mi cabeza: unas gafas. Unas gafas que alguna vez fueron necesarias para esconder mis ojeras, pero que ahora podrían significar algo diferente.
Quiero cubrir mis ojos.
No quiero que nadie vea mi alma.
Mi llanto me inunda mientras escribo esto, pero ya no quiero que alguien pueda mirar dentro de mis ojos y descubrir aquello que existe detrás. Quiero estar protegido. Quiero tener una calabaza de arena como la de Gaara en Naruto, algo que permanezca detrás de mí, vigilante, dispuesto a protegerme para que nadie vuelva a tener acceso a mi debilidad.
EL ORGULLO COMO PROTECTOR
Quiero convertir el orgullo en mi protector. Ya no quiero que se sepa cuándo algo me duele. Tendré que trabajar mucho en ello porque todavía tengo demasiadas grietas visibles, demasiadas heridas, demasiadas cicatrices abiertas hacia el mundo.
Quiero protegerlas.
Quiero convertirme en un fortín inexpugnable.
Pero mientras escribo esto descubro que quizá existe una negociación posible entre aquello que era y aquello en lo que comienzo a convertirme. Tal vez no sea necesario que el corazón se convierta completamente en piedra.
Quizá pueda seguir existiendo.
Esa puede ser mi negociación conmigo mismo esta noche: QUE EL CORAZÓN SIGA EXISTIENDO.
Pero si va a seguir existiendo, entonces quiero construir un fortín alrededor. Uno tan ilegible que nadie consiga descubrir qué existe un corazón. Un exterior capaz de resistir mientras aquello que siente permanece protegido detrás de innumerables murallas y así estará seguro para siempre.
Tal vez deba convertirme en EL ÚLTIMO BASTIÓN QUE CAMINA.
Ser mi propio lugar de protección. Llevar conmigo el Refugio. Especializarme en ser fuerte o, por lo menos, en parecerlo. Que el niño continúe existiendo adentro pero distraido adentro. Que el adolescente todavía pueda existir pero adentro y distraído adentro para que no le den ganas de volver a salir. Que el corazón siga latiendo. Pero que afuera exista una fortaleza capaz de impedir que alguien vuelva a entrar.
Quizá esa sea la transmutación.
No convertir el corazón en piedra.
CONVERTIRME YO EN SU FORTÍN.
0%
Anoche casi no dormí. La tormenta estuvo en mi cara durante horas. Esta noche solamente espero poder dormir y no soñar con VENUS. No quiero volver a soñar esas cosas. No quiero que mi propia mente me entregue durante algunas horas aquello que después la realidad volverá a quitarme cuando abra los ojos, esto me hace querer huir pero…
No sé hacia dónde huir.
No sé dónde está el lugar para los inmaduros que sentimos así. No sé dónde está ese lugar donde alguien pueda hablar durante horas sin que los demás terminen cansándose. No sé dónde existe un lugar sin juicios. No sé dónde está ese sitio hacia el que pudiera correr sin sentirme ridículo.
Tal vez no exista.
Por eso, en este momento, este sigue siendo el único lugar donde puedo hablar conmigo mismo sin esconder aquello que ocurre. Mi habitación. La oscuridad. Estas letras. Mi Refugio. Mi propio corazón intentando comprender a su corazón.
La esperanza llegó al 0%.
La desesperanza ocupó su lugar.
Pero mientras escribía descubrí que todavía queda algo entre ambas ruinas: este Refugio sigue aquí. Quizá tambaleando. Quizá agrietado. Quizá convertido apenas en una pequeña habitación dentro de una fortaleza que comienza a levantarse.
Pero aquí está.
Y por ahora este es mi lugar seguro.
Esta noche cerraré estas letras e iré nuevamente a librar una guerra contra la almohada.
Tal vez esta vez… pueda ganarla.
— EL CUERVO DE CORAZONES
