INMADUREZ INTERIOR…

Inicio este escrito para desahogar un poco mi cansancio. Estoy agotado, y mi corazón encadenado también lo está. Sueño con VENUS muchísimo; es algo que no puedo evitar. He seguido trabajando y, de hecho, un proyecto que estoy creando empieza a dar resultados, pero mi corazón sigue con ella. Anhelaría tanto poder contarle estos resultados, poder decirle cómo me está yendo, poder saber qué necesita, poder apoyarla con sus cosas. Mi forma de amar llega a parecerme ridícula porque siempre traté de regalarle cosas que le facilitaran la vida, cosas que pudieran servirle, pequeños detalles que de alguna manera dijeran: “pensé en ti”. Y todavía me cuesta entender qué de todo eso estuvo mal.

En una noche fría como esta siento que mi corazón es patético. Siento como si estuviera prohibido sentir todo esto. Anoche soñé que ella había regresado con su ex y presiento que esas sospechas pueden ser ciertas. No me he tratado mal, de verdad ya no lo hago, pero me duele. Me duele muchísimo el corazón. Hoy, sinceramente, anhelaba que llegara esta hora de soledad para poder permitirme sentir. Esperaba la madrugada, mi habitación, el silencio, ese momento en el que finalmente pudiera dejar de funcionar hacia afuera y admitir lo que está ocurriendo dentro de mí.

Hoy mis versiones, mi corazón y mi mente están de acuerdo en algo: DUELE…

Estoy inundado en llanto. Tal vez en este momento no puedo ser fuerte. No puedo. Pero tampoco quiero hablar. Prefiero escribir aquí, dentro de mi Refugio, dentro de este Último Bastión que va almacenando las memorias que dejo por el camino mientras el llanto del corazón deja su propio rastro. No quiero explicar demasiado esta noche…

LA VERGÜENZA DE SENTIR

La vergüenza me atormenta. Es ridículo. Y es precisamente hoy cuando recuerdo una posible razón por la que los seres humanos dejamos de soñar y terminamos encerrándonos dentro de aquello que llamamos comportamiento “maduro”. Hoy concibo esa madurez como una extraña capacidad de descartar sueños, dejar de arriesgarse, dejar de vivir aventuras, dejar de imaginar determinadas posibilidades simplemente para evitar sentirse ridículo…

No sé si fui valiente o fui ridículo al entregarme de esta manera a ella. Solo sé que la amo. La amo con todas mis fuerzas y hoy la anhelo. Anhelo su mirada, una palabra, tan solo un minuto en el que pueda tocar sus manos y besar su boca. Existe un vacío que no consigo describir. Estoy rodeado de gente y no puedo ser desagradecido con aquello que tengo: tengo techo, comida, trabajo, salud y proyectos. Pero sin ser desagradecido con absolutamente nada de eso, existe dentro de mí un vacío que anhela específicamente a VENUS.

Porque ninguna de esas cosas es VENUS.

Ya llevo varias madrugadas despertándome y buscándola en medio de la oscuridad. Y cada vez resulta más difícil no castigar a mi corazón. Odio ser tan frágil. Quisiera poner fin a esa sensibilidad, a esa fragilidad que se desata dentro de mí. Todo parece indicar que esta manera de amar es ridícula, inútil y estúpida; entonces, si realmente lo es, me pregunto por qué demonios emerge de mí con tanta fuerza.

¿POR QUÉ EXISTE DENTRO DE MÍ ALGO QUE ESTE MUNDO PARECE EMPEÑADO EN ENSEÑARME A ESCONDER?

Recuerdo aquella última noche en su cama, sin poder dormir y con el dolor consumiéndome. Y aun ahora existe dentro de mí algo que solamente quiere cuidarla. Es extraño: incluso si ella no me eligió, existe una parte de mí que desea que, si algún día está con alguien más, esa persona la ame de la misma manera o incluso mejor de lo que yo hubiera podido hacerlo. Que no le hagan daño, que no la conviertan en algo pasajero, que la cuiden. Pensarlo me produce una impotencia indescriptible.

Dicen que el amor es una de las cosas más hermosas y perfectas que existen. Quizá hacia afuera se vea así, pero por dentro destruye. El amor me rompe, me destroza. En noches como esta deja mi almohada empapada en llanto. ¿Cómo cambiar mi realidad para que esto sea diferente? ¿Cómo cuidar a alguien para quien soy inoportuno? ¿Por qué mi corazón anhela un lugar que está prohibido?

Porque sentir esto está PROHIBIDO…

EL NIÑO QUE QUIERE VOLVER

Soy consciente de mi niño interior. Lo escucho. Está adentro llorando y anhelando regresar a aquel lugar donde por un momento fue feliz. Pero no sé cómo explicarle lo que ocurrió. ¿Cómo le digo que ya no va poder volver a ella cuando tiene millones de palabras de amor acumuladas para entregarle? ¿Cómo le explico al adolescente que todavía tiene anhelos, regalos, ideas y cosas que quisiera entregarle, pero que simplemente no puede hacerlo?

Como adulto debo contenerlos y decirles que no pueden. Pero al mismo tiempo se siente cruel porque una parte de mí pregunta “¿por qué?” y el adulto solamente puede responder: “porque ya no nos quieren allí”. Entonces el niño vuelve a preguntar qué hizo mal, porque él solamente quería quererla, cuidarla, entregarle aquello que tenía dentro. Y yo no tengo una respuesta capaz de tranquilizarlo.

Después aparece mi adolescente. El que todavía cree en las cartas, el que imagina viajes, el que quiere sorprender, besar, jugar, inventar momentos y convertir una cena sencilla en un recuerdo extraordinario solamente porque enfrente está la persona que ama. Él tampoco entiende. Entonces comienza una guerra interna que ocurre prácticamente cada minuto dentro de mí: el niño quiere regresar, el adolescente quiere correr hacia ella y el adulto sabe que no puede.

EL NIÑO QUIERE VOLVER. EL ADOLESCENTE QUIERE CORRER HACIA ELLA. EL ADULTO SABE QUE NO PUEDE.

Luchar con esas tres voces todos los días es difícil. Es cruel. Yo la amo, pero todavía no entiendo cómo consiguió desecharme de esa forma tan fácil y pensar que “esto era lo mejor”. Odio que mi corazón anhele ese lugar. Odio que mi niño y mi adolescente interior quieran regresar a un lugar de donde nos echaron y donde ya no somos bienvenidos. Odio sentir esto.

Quisiera arrancarme el corazón. Quisiera no sentir esto. Quisiera dejar de estar encerrado dentro de este sentimiento que regresa cada noche, este amor que me quema y me destruye, esta tortura de un corazón latiente y encadenado. La imposibilidad de esta realidad me obliga a convivir con algo que no puedo entregar, y quizá esa sea la imagen que mejor representa aquello que siento: un corazón que continúa latiendo dentro de una jaula aunque su dueño quisiera ordenarle que se detuviera.

Pero no obedece.

Late, recuerda, sueña, anhela. Y mientras continúe haciéndolo, yo tengo que escucharlo. Esta noche no tengo una reflexión. Busco respuestas, pero no las encuentro. Y quizá hoy ni siquiera quiera encontrarlas.

HIELO DE FUEGO

Hoy me acompaña una canción que estuvo conmigo durante años, en otra época de mi vida en la que también tuve que derramar lágrimas, aunque aquello no era tan fuerte como esto. La dejaré aquí por si algún día alguien llega a leer estas palabras y quiere escuchar aquello que acompañaba al Cuervo durante esta madrugada. Porque siento exactamente eso: algo que congela y quema al mismo tiempo, algo que quiero conservar y destruir, algo hacia lo que quiero correr mientras otra parte de mí quiere escapar.

HOY LLEVO HIELO DE FUEGO EN EL CORAZÓN.

Quisiera viajar con ella, pero ni siquiera necesito imaginar algo extraordinario. Recuerdo cosas mucho más simples. Quisiera volver a invitarla a cenar, solamente ella y yo, una noche tranquila y en calma. Hace poco soñé que ella tocaba mi cara y me decía una frase que alguna vez me dijo realmente y que consiguió salvarme de sobrepensar aquella noche:

“Ya pasó…”

Dos palabras. Nada más. Pero venían de su boca y me hicieron tan feliz aquella vez. En el sueño volvió a ocurrir: ella tocaba mi rostro, me miraba y me decía que todo iba a cambiar. Después repetía aquellas dos palabras. Por un momento sentí nuevamente aquella tranquilidad que alguna vez me produjo escucharlas.

Entonces desperté.

Y descubrí que no había pasado. Ella no estaba. Sus manos no estaban tocando mi rostro. Aquellas palabras solamente habían ocurrido dentro del mundo de los sueños. Es cruel. Demasiado cruel. Es como entregarle al corazón un regalo mientras duerme y arrebatárselo de las manos cuando despierta.

HOY NO QUIERO REFLEXIONAR

No sé qué pasará mañana. No sé qué sucederá después y esta noche no quiero reflexionar. No quiero convertir cada lágrima en una teoría, encontrar una enseñanza o fabricar una conclusión. Solamente quiero dejar aquí un registro de este amor que me rompe cada minuto. Ya no quiero hablar con personas, con amigos o con la gente cercana que terminará entregándome perspectivas construidas desde sus propias mentes mientras nadie puede entrar aquí dentro y sentir exactamente esto.

Ya escribí una vez preguntándome ¿SENTIR ES UN DRAMA? Quizá por eso existe este lugar. Aquí puedo refugiarme en mí mismo y escribir hasta cansarme. Puedo llorar mediante un teclado. Puedo repetir una idea veinte veces si mi corazón necesita repetirla veinte veces. Aquí no necesito convencer a nadie de que aquello que siento es válido. No necesito justificar lo que siento.

Simplemente existe.

Y precisamente aquí aparece una palabra que todavía me persigue.

“ACTÚAS Y SIENTES COMO ALGUIEN INMADURO”

Alguna vez, durante uno de mis momentos más vulnerables, una “profesional de la salud” me dijo algo que me destruyó y de lo que todavía no consigo recuperarme:

“Actúas y sientes como alguien inmaduro.”

Esa frase se quedó conmigo. Se incrustó en algún lugar de mi cabeza y reaparece cuando siento demasiado, cuando lloro, cuando sueño, cuando quiero escribir una carta, cuando extraño, cuando hago un regalo o cuando mi corazón se entusiasma con alguna posibilidad. Entonces quizá estaba equivocado cuando hablaba de mi niño interior.

Quizá no tengo un niño interior.

Quizá tengo un:

INMADURO INTERIOR…

El inmaduro que todavía sueña, que escribe cartas, que quiere sorprender, que convierte una cena sencilla en un acontecimiento. El inmaduro que recuerda unas manos, que se despierta buscando a alguien, que puede llorar porque extraña, que todavía quiere creer que dos personas pueden construir algo extraordinario. El inmaduro que ama demasiado.

Tal vez sea él.

Tal vez siempre estuvo allí.

EL REFUGIO DEL INMADURO

Entonces que salga. Aquí puede salir. Dentro de este Refugio puedo abrir la puerta y dejar salir a ese niño y a ese adolescente. Que lloren, que hablen, que escriban, que recuerden, que digan aquello que afuera comienzan a callar. Que extrañen a VENUS. Que recuerden sus ojos. Que quieran regresar. Que se enfaden. Que se derrumben. Que hagan todo el ruido que necesiten hacer.

Porque afuera comienza a crecer otra versión de mí. Una más silenciosa. Una que habla menos, cuenta menos y empieza a aprender a esconder aquello que siente. Una versión que está construyendo escudos. Cada experiencia parece añadir una nueva placa alrededor del corazón y, aunque todavía existen grietas por donde escapa aquello que siento, cada día parecen ser un poco más pequeñas.

Y eso me lleva a otra imagen que no puedo quitarme de la cabeza.

DE ORUGAS A GUSANOS

VENUS me dijo alguna vez algo que todavía recuerdo. Me dijo que estaban comenzando a salir orugas, porque estaba empezando a sentir mariposas en el estómago conmigo. Me pareció hermoso. Hoy esa misma imagen se ha transformado dentro de mi cabeza, porque siento que en mí y en este amor está empezando a nacer algo mas…

Ahora siento que están apareciendo gusanos.

Gusanos devorando lentamente aquello que quedó, como si todo este sentimiento comenzara a pudrirse dentro de mí. Y esa transformación me asusta porque no siento solamente que estoy perdiendo el sentir puro con VENUS; siento que también estoy perdiendo partes de mí. Mi sonrisa comienza a desvanecerse poco a poco. Mis buenos sentimientos, mi bondad, mi capacidad de creer, mi deseo de entregar, todas esas cosas comienzan lentamente a clausurarse.

Una puerta.

Después otra.

Después otra.

Cada día este mundo podrido parece convertirse en un lugar un poco más hostil para alguien que siente de esta manera. Como si anhelar cosas simples se hubiera convertido en algo extraordinariamente difícil: una cena, un abrazo, dormir junto a alguien, una conversación, un viaje, un beso antes de dormir, una mano sobre el rostro, dos palabras pronunciadas en el momento exacto.

“Ya pasó…”

¿En qué momento algo tan sencillo se volvió tan difícil?

INMADUREZ INTERIOR

Quizá por eso hoy quiero apropiarme de aquella palabra que tanto daño me hizo: INMADUREZ. Si mi niño llora porque perdió un lugar donde fue feliz, ahí está mi inmadurez. Si mi adolescente todavía quiere escribir cartas y vivir aventuras, ahí está mi inmadurez. Si todavía sueño con viajar junto a la persona que amo, si recuerdo un beso como si hubiera ocurrido hace cinco minutos, si todavía quiero cuidar incluso cuando ya no puedo estar, entonces quizá allí vive mi inmadurez.

Y si todavía existe dentro de mí una parte que se niega a convertirse completamente en piedra… entonces allí vive mi INMADURO INTERIOR.

No sé cuánto tiempo seguirá existiendo porque los escudos continúan apareciendo. Quizá llegue un día en que el adulto finalmente consiga encerrarlo. Tal vez llegue el momento en que deje de escribir cartas, de hacer regalos, de creer palabras, de imaginar viajes, de emocionarme, de abrir las Tres Puertas. Tal vez algún día consiga convertirme en aquello que este mundo parece llamar “maduro”.

Quizá entonces ya no duela así.

Pero esta noche todavía no soy ese hombre.

Esta noche todavía duele.

EL ÚLTIMO BASTIÓN

Por eso este lugar significa cada vez más para mí. Porque mientras afuera aprendo a callar, aquí todavía puedo hablar. Mientras afuera aparecen escudos, aquí todavía puedo quitármelos. Mientras afuera intento funcionar, trabajar, producir y continuar con mi vida, aquí puedo admitir que estoy agotado. Mientras afuera mi corazón aprende a esconderse, aquí todavía puedo dejar constancia de cómo latía.

Este es el Último Bastión.

Una memoria de que alguna vez amé de esta manera. Una prueba de que alguna vez existió dentro de mí esa pureza. Quizá algún día regrese aquí convertido en alguien diferente y lea estas palabras sin reconocer al hombre que las escribió. Quizá entonces VENUS sea solamente un recuerdo y estas madrugadas parezcan pertenecerle a otra vida.

No lo sé.

Pero si ese día llega, quiero poder mirar hacia atrás y encontrarlo aquí: al niño, al adolescente, al hombre que lloraba durante la madrugada, al Cuervo que escribía mientras todos dormían, al corazón latiente y encadenado, al hombre que todavía podía contemplar en su memoria el rostro de una mujer dormida y pensar que era una hermosa obra de arte.

ESTA NOCHE SOLO QUIERO DORMIR

Hoy no quiero pensar en nada más. No quiero encontrar respuestas, descubrir otra teoría ni sacar una enseñanza de esta madrugada. Por ahora solamente voy a intentar descansar y a rogar porque esta vez mi mente me permita soñar algo neutral. No quiero despertar como hoy. No quiero recibir nuevamente durante unas horas aquello que más anhelo para después abrir los ojos y descubrir que nunca estuvo aquí.

No quiero volver a sentir unas manos imaginarias tocando mi rostro.

No quiero escuchar nuevamente un “Ya pasó…” para después despertar y descubrir que todavía no pasa ni pasará…

Esta noche solamente quiero cerrar los ojos, aunque sé que probablemente vuelva a aparecer ella: su piel, su rostro, sus ojos cerrados, esa imagen que mi memoria se niega a destruir. Para mí sigue siendo una hermosa obra de arte.

Una que esta noche… solo puedo contemplar dentro de mi mente.

— EL CUERVO DE CORAZONES

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